Capítulo 15
La verdadera pureza (15,1-20)
1Por entonces unos fariseos y escribas de Jerusalén se acercaron a Jesús y le dijeron:
2—¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores? Pues, cuando comen pan, no se lavan las manos.
3Él les respondió: —¿Y por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
4Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre. Y el que maldiga a su padre o a su madre, que sea castigado con la muert e.
5Vosotros, en cambio, decís que si alguien le dice a su padre o a su madre: «Que sea declarada ofrenda cualquier cosa que pudieras recibir de mí»,
6ése ya no tiene obligación de honrar a su padre. Así habéis anulado la palabra de Dios por vuestra tradición.
7Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
8Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de m í.
9Inútilmente me dan culto, mientras enseñan doctrinas que son preceptos humano s.
10Y después de llamar a la multitud les dijo: —Escuchad y entendedlo bien.
11Lo que entra por la boca no hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca: eso sí hace impuro al hombre.
12Entonces se acercaron los discípulos a decirle: —¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tus palabras?
13Pero él les respondió: —Toda planta que no plantó mi Padre celestial será arrancada.
14Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.
15Pedro entonces tomó la palabra y le dijo: —Explícanos esa parábola.
16Él respondió: —¿También vosotros sois todavía incapaces de entender?
17¿No sabéis que todo lo que entra por la boca pasa al vientre y luego se echa en la cloaca?
18Por el contrario, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impuro al hombre.
19Porque del corazón proceden los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.
20Estas cosas son las que hacen al hombre impuro; pero el comer sin lavarse las manos no hace impuro al hombre.
La mujer cananea (15,21-28)
Mc 7,24-30
21Después que Jesús salió de allí, se retiró a la región de Tiro y Sidón.
22En esto una mujer cananea, venida de aquellos contornos, se puso a gritar: —¡Señor, Hijo de David, apiádate de mí! Mi hija está poseída cruelmente por el demonio.
23Pero él no le respondió palabra. Entonces, se le acercaron sus discípulos para rogarle: —Atiéndela y que se vaya, porque viene gritando detrás de nosotros.
24Él respondió: —No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
25Ella, no obstante, se acercó y se postró ante él diciendo: —¡Señor, ayúdame!
26Él le respondió: —No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos.
27Pero ella dijo: —Es verdad, Señor, pero también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28Entonces Jesús le respondió: —¡Mujer, qué grande es tu fe! Que sea como tú quieres. Y su hija quedó sana en aquel instante.
Curación de muchos enfermos (15,29-31)
29Y cuando Jesús se marchó de aquel lugar, vino junto al mar de Galilea, subió al monte y se sentó allí.
30Acudió a él mucha gente que traía consigo cojos, ciegos, lisiados, mudos y otros muchos enfermos, y los pusieron a sus pies, y él los curó;
31de tal modo que se maravillaba la multitud viendo hablar a los mudos y restablecerse a los lisiados, andar a los cojos y ver a los ciegos. Y glorificaban al Dios de Israel.
Segunda multiplicación de los panes (15,32-39)
Mc 8,1-10
32Jesús llamó a sus discípulos y dijo: —Me da mucha pena la muchedumbre, porque ya llevan tres días conmigo y no tienen qué comer, y no quiero despedirlos en ayunas, no vaya a ser que desfallezcan en el camino.
33Pero le decían los discípulos: —¿De dónde vamos a sacar en un desierto panes suficientes para alimentar a tan gran muchedumbre?
34Jesús les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? —Siete y unos pocos pececillos –respondieron ellos.
35Entonces ordenó a la multitud que se acomodase en el suelo.
36Tomó los siete panes y los peces y, después de dar gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la multitud.
37Y comieron todos y quedaron satisfechos. Con los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.
38Los que comieron eran cuatro mil hombres sin contar mujeres y niños.
39Después de despedir a la muchedumbre, subió a la barca y se fue a los confines de Magadán. (Mc 8,11-21; Lc 12,54-56)
Notas de la Facultad de Teología (6)
4,11-16,20Comienza el ministerio en Galilea. Jesús proclama, con palabras y obras, que el Reino de Dios ha llegado. En primer lugar, llama a sus discípulos y convoca al nuevo Pueblo de Dios (4,12-25). A continuación, como supremo Maestro, Legislador y Profeta, promulga la Nueva Ley del Reino en el Discurso de la Montaña (5,1-7,29). Su enseñanza queda avalada por «las obras del Mesías», los milagros que confirman su autoridad (8,1-9,38). El envío de los Apóstoles (10,1-42) y las acciones (11,1-12,50) y palabras (13,1-52) de Jesús señalan que es más que un Maestro: es el Mesías de Israel. Los dirigentes religiosos del pueblo escogido (11,16-12,45) se obstinan en rechazarlo, pero los signos son tan evidentes (14,13-15,39) que San Pedro le confiesa como lo que verdaderamente es: el Mesías, Hijo de Dios (1 6,13-20).
13,53-16,20Tras el Discurso de las Parábolas el evangelista narra diversos milagros y enseñanzas de Jesús en Galilea y regiones limítrofes. A lo largo de estos pasajes se va mostrando que, ante Jesús, el hombre debe tomar partido: o con Él o contra Él. Mateo, desde el Discurso de las Parábolas, señala con mayor claridad tres grupos de personas: de un lado, los discípulos –y en especial Pedro– cercanos a Jesús; de otro, las muchedumbres que le siguen pero sin acabar de entenderle; finalmente, las autoridades religiosas que traman asechanzas contra Él. La sección culmina con la solemne confesión de Pedro en la que proclama a Jesús Mesías e Hijo de Dios (16,16).
15,1-20Los dos primeros evangelios (cfr nota a Mc 7,1-23) narran este episodio que tanta trascendencia tuvo en la conducta de los primeros cristianos con relación a las leyes de los fariseos. Cristo explica palmariamente que en muchos casos las tradiciones de los fariseos han llegado a «anular» (v. 6) el mandato de Dios; por tanto, en esos casos no deben seguirse (v. 14). El pasaje recuerda la sexta bienaventuranza (cfr 5,8) que invita a la limpieza de corazón para ver a Dios: «Los «corazones limpios» designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe» (CCE 2518).
15,21-28La fe de esta cananea (v. 28) se describe de una manera excelente: pide aunque parezca inoportuna (v. 23), insiste aunque se sienta indigna (vv. 24-26), persevera ante las dificultades (v. 27) y logra lo que quiere (v. 28). «Vemos muchas veces que el Señor no nos concede enseguida lo que pedimos; esto lo hace para que lo deseemos con más ardor, o para que apreciemos mejor lo que vale. Tal retraso no es una negativa sino una prueba que nos dispone a recibir más abundantemente lo que pedimos» (S. Juan B. María Vianney, Serm. sob. orac.).
15,29-31Los evangelistas recogen varias veces (cfr 11,4-6; Lc 7,21-23), a modo de resumen, estas curaciones de Jesús con las que se cumplía lo anunciado por el profeta Isaías para los tiempos mesiánicos: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como un ciervo y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo» (Is 35,5-6).
15,32-39Los milagros de Jesús, además de ser hechos reales, tienen carácter de signos de las realidades sobrenaturales. En este caso (v. 37) la sobreabundancia del alimento corporal significa la magnitud de los dones divinos, especialmente de la Eucaristía; del mismo modo, la ayuda de los discípulos señala la mediación de los ministros de la Iglesia. Para el sentido específico de esta segunda multiplicación de los panes, cfr nota a Mc 8,1-10.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
