Capítulo 14
Martirio de San Juan Bautista (14,1-12)
1En aquel entonces oyó el tetrarca Herodes la fama de Jesús
2y les dijo a sus cortesanos: —Éste es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él esos poderes.
3Herodes, en efecto, había apresado a Juan, lo había encadenado y lo había metido en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo,
4porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla».
5Y aunque quería matarlo, tenía miedo del pueblo porque lo consideraban un profeta.
6El día del cumpleaños de Herodes salió a bailar la hija de Herodías y le gustó tanto a Herodes,
7que juró darle cualquier cosa que pidiese.
8Ella, instigada por su madre, dijo: —Dame aquí, en esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.
9El rey se entristeció, pero por el juramento y por los comensales ordenó dársela.
10Y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
11Trajeron su cabeza en la bandeja y se la dieron a la muchacha, que la entregó a su madre.
12Acudieron luego sus discípulos, tomaron el cuerpo muerto, lo enterraron y fueron a dar la noticia a Jesús. (Mc 6,30-44; Lc 9,10-17; Jn 6,1-15)
Primera multiplicación de los panes (14,13-21)
13Al oírlo Jesús se alejó de allí en una barca hacia un lugar apartado él solo. Cuando la gente se enteró le siguió a pie desde las ciudades.
14Al desembarcar vio una gran muchedumbre y se llenó de compasión por ella y curó a los enfermos.
15Al atardecer se acercaron sus discípulos y le dijeron: —Éste es un lugar apartado y ya ha pasado la hora; despide a la gente para que vayan a las aldeas a comprarse alimentos.
16Pero Jesús les dijo: —No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer.
17Ellos le respondieron: —Aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.
18Él les dijo: —Traédmelos aquí.
19Entonces mandó a la gente que se acomodara en la hierba. Tomó los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
20Comieron todos hasta que quedaron satisfechos, y de los trozos que sobraron recogieron doce cestos llenos.
21Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mc 6,45-52; Jn 6,16-21)
Jesús camina sobre las aguas (14,22-33)
22Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí.
24Mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario.
25En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar.
26Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron: —¡Es un fantasma! –y llenos de miedo empezaron a gritar.
27Pero al instante Jesús les habló: —Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo.
28Entonces Pedro le respondió: —Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.
29—Ven –le dijo él. Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús.
30Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar: —¡Señor, sálvame!
31Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: —Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?
32Y cuando subieron a la barca se calmó el viento.
33Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: —Verdaderamente eres Hijo de Dios.
Curaciones en Genesaret (14,34-36)
Mc 6,53-56
34Acabaron la travesía y llegaron a tierra a la altura de Genesaret.
35Al reconocerlo los hombres de aquel lugar mandaron aviso a toda la comarca y le trajeron a todos los que se sentían mal,
Mc 7,1-23
36y le suplicaban poder tocar aunque sólo fuera el borde su manto. Y todos los que lo tocaron quedaron sanos. Las tradiciones de los antiguos
Notas de la Facultad de Teología (6)
4,11-16,20Comienza el ministerio en Galilea. Jesús proclama, con palabras y obras, que el Reino de Dios ha llegado. En primer lugar, llama a sus discípulos y convoca al nuevo Pueblo de Dios (4,12-25). A continuación, como supremo Maestro, Legislador y Profeta, promulga la Nueva Ley del Reino en el Discurso de la Montaña (5,1-7,29). Su enseñanza queda avalada por «las obras del Mesías», los milagros que confirman su autoridad (8,1-9,38). El envío de los Apóstoles (10,1-42) y las acciones (11,1-12,50) y palabras (13,1-52) de Jesús señalan que es más que un Maestro: es el Mesías de Israel. Los dirigentes religiosos del pueblo escogido (11,16-12,45) se obstinan en rechazarlo, pero los signos son tan evidentes (14,13-15,39) que San Pedro le confiesa como lo que verdaderamente es: el Mesías, Hijo de Dios (1 6,13-20).
13,53-16,20Tras el Discurso de las Parábolas el evangelista narra diversos milagros y enseñanzas de Jesús en Galilea y regiones limítrofes. A lo largo de estos pasajes se va mostrando que, ante Jesús, el hombre debe tomar partido: o con Él o contra Él. Mateo, desde el Discurso de las Parábolas, señala con mayor claridad tres grupos de personas: de un lado, los discípulos –y en especial Pedro– cercanos a Jesús; de otro, las muchedumbres que le siguen pero sin acabar de entenderle; finalmente, las autoridades religiosas que traman asechanzas contra Él. La sección culmina con la solemne confesión de Pedro en la que proclama a Jesús Mesías e Hijo de Dios (16,16).
14,1-12Este Herodes, denominado «Antipas», es el mismo que aparece en la pasión (Lc 23,7ss.). Era hijo de Herodes el Grande (Mt 2,1ss.) y gobernaba las regiones de Galilea y Perea. Estaba casado con una hija de un rey de Arabia aunque vivía en concubinato con Herodías. El historiador Flavio Josefo (cfr Ant 18,116-119) proporciona otros detalles de este episodio: que tuvo lugar en la fortaleza de Maqueronte, que la hija de Herodías se llamaba Salomé, etc. En su narración, el evangelista pone de manifiesto la estrecha relación entre el Bautista y Jesús (vv. 1-2.12).
14,13-21Con la multiplicación de los panes el Señor indica simbólicamente la formación del nuevo Pueblo de Dios (cfr nota a Mc 6,30-44). San Mateo se fija especialmente en los sentimientos del corazón del Señor ante las necesidades de los hombres. Por eso, además del milagro de la multiplicación recuerda la curación de los enfermos (v. 14).
14,22-33San Mateo es el único evangelista que relata el caminar de San Pedro sobre las aguas (vv. 28-31). También es el único que recoge la solemne promesa de Jesús a Pedro (16,17-19) y el episodio del impuesto del Templo (17,24-27). El Evangelio de Mateo, llamado el evangelio eclesiástico, refleja así la importancia que Jesús quiso dar a Pedro en la Iglesia. En este caso el episodio muestra la grandeza y la debilidad de Pedro, su fe y sus dificultades para creer (cfr también notas a 8,23-27; Mc 4,35-41; 6,45-52).
14,34-36Se resalta, por contraste, la fe de estos hombres que se acercaban a Jesús y obtenían lo que buscaban. Son así ejemplo para nosotros: en la Humanidad adorable del Salvador podemos encontrar alivio para todos nuestros males (cfr 11,28).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
