Capítulo 19
Matrimonio y virginidad (19,1-12)
1Cuando terminó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.
2Y le siguieron grandes multitudes, y allí les curó.
3Se acercaron entonces a él unos fariseos y le preguntaron para tentarle: —¿Le es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?
4Él respondió: —¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo hombre y muje r,
5y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carn e?
6De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
7Ellos le replicaron: —¿Por qué entonces Moisés mandó dar el libelo de repudio y despedirl a?
8Él les respondió: —Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres a causa de la dureza de vuestro corazón; pero al principio no fue así.
9Sin embargo, yo os digo: cualquiera que repudie a su mujer –a no ser por fornicación– y se case con otra, comete adulterio.
10Le dicen los discípulos: —Si esa es la condición del hombre con respecto a su mujer, no trae cuenta casarse.
11—No todos son capaces de entender esta doctrina –les respondió él–, sino aquellos a quienes se les ha concedido.
12En efecto, hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre; también hay eunucos que han quedado así por obra de los hombres; y los hay que se han hecho eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien sea capaz de entender, que entienda. (Mc 10,13-16; Lc 18,15-17)
Jesús bendice a los niños (19,13-15)
13Entonces le presentaron unos niños para que les impusiera las manos y orase; pero los discípulos les reñían.
14Ante esto, Jesús dijo: —Dejad a los niños y no les impidáis que vengan conmigo, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.
15Y después de imponerles las manos, se marchó de allí. (Mc 10,17-31; Lc 18,18-30)
El joven rico. Pobreza y entrega cristianas (19,16-30)
16Y se le acercó uno, y le dijo: —Maestro, ¿qué obra buena debo hacer para alcanzar la vida eterna?
17Él le respondió: —¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno sólo es el bueno. Pero si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos.
18—¿Cuáles? –le preguntó. Jesús le respondió: —No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimoni o,
19honra a tu padre y a tu madr e, y amarás a tu prójimo como a ti mism o.
20—Todo esto lo he guardado –le dijo el joven–. ¿Qué me falta aún?
21Jesús le respondió: —Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dáselos a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos. Luego, ven y sígueme.
22Al oír el joven estas palabras se marchó triste, porque tenía muchas posesiones.
23Jesús les dijo entonces, a sus discípulos: —En verdad os digo: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
24Es más, os digo que es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios.
25Cuando oyeron esto sus discípulos, se quedaron muy asombrados y decían: —Entonces, ¿quién puede salvarse?
26Jesús, con la mirada fija en ellos, les dijo: —Para el hombre esto es imposible; para Dios, sin embargo, todo es posible.
27Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo: —Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué recompensa tendremos?
28Jesús les respondió: —En verdad os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros, los que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
29Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, o hijos, o campos, por causa de mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna.
30Porque muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.
Notas de la Facultad de Teología (3)
19,1-12Con ocasión de la insidia de los fariseos, Jesús expone la indisolubilidad del matrimonio (cfr nota a Mc 10,1-12). El inciso del v. 9 no debe tenerse como una excepción (cfr nota a 5,17-48). En el mismo contexto el Señor expone el valor del celibato por el Reino de los Cielos como un don de Dios: «El sacramento del Matrimonio y la virginidad por el Reino de Dios vienen del Señor mismo. Es Él quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad. La estima de la virginidad por el Reino y el sentido cristiano del matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente: «Denigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar, a la vez la admiración que corresponde a la virginidad...» (S. Juan Crisóstomo, Virg. 10,1)» (CCE 1620).
19,13-15Cfr nota a Mc 10,13-16.
19,16-30Los tres primeros evangelios reseñan este episodio, pero Mateo es quien describe con más precisión el diálogo entre Jesús y el joven. Éste cumple los mandamientos (vv. 18-20) y pregunta a Jesús qué más «obras buenas» (vv. 16.20) debe hacer. Jesús, con su primera respuesta (v. 17), ya lo prepara para la exigencia final (v. 21): «No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre» (Juan Pablo II, Verit. spl. 19). En este sentido, tanto este episodio como el anterior sobre el matrimonio (cfr 19,1-12) reflejan perfectamente la plenitud y perfeccionamiento de la Ley que se dan en quienes viven según el estilo de vida y la doctrina de Cristo. El Señor enseña la indisolubilidad del matrimonio y exige el cumplimiento de los mandamientos; pero también pide el celibato y el desprendimiento de todos los bienes por el Reino de los Cielos a quienes se les hayan otorgado esos dones. Tras la marcha del joven rico, Jesús expone la doctrina sobre las riquezas (cfr nota a Mc 10,23-31). Después, ante la pregunta de Pedro, explica el destino de quien ha seguido sinceramente a Cristo: seguir a Jesús supone creer en una «regeneración» (v. 28), en un nuevo nacimiento, en el que se dará una auténtica inversión de valores. Quienes ahora parecen despreciados, serán los jueces; quienes parecen el desecho, serán los primeros; todo cuanto uno entregue ahora lo encontrará multiplicado por cien.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
