Mateo

Capítulo 18

IX. DISCURSO SOBRE LA VIDA EN LA IGLESIA (18,1-20-34)

El escándalo. La oveja perdida (18,1-14)

1En aquella ocasión se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: —¿Quién piensas que es el mayor en el Reino de los Cielos?

2Entonces llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

3y dijo: —En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos.

4Pues todo el que se humille como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos;

5y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.

6Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo hundieran en el fondo del mar.

7¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que vengan los escándalos. Sin embargo, ¡ay del hombre por cuya culpa se produce el escándalo!

8Si tu mano o tu pie te escandaliza, córtatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale entrar en la Vida manco o cojo, que con las dos manos o los dos pies ser arrojado al fuego eterno.

9Y si tu ojo te escandaliza, arráncatelo y tíralo lejos de ti. Más te vale entrar tuerto en la Vida, que con los dos ojos ser arrojado al fuego del infierno.

10»Guardaos de despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos están viendo siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. (

12»¿Qué os parece? Si a un hombre que tiene cien ovejas se le pierde una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en el monte y saldrá a buscar la que se le había perdido?

13Y si llega a encontrarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían perdido.

14Del mismo modo, no es voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Corrección fraterna

Poderes de los Apóstoles (18,15-20)

Lc 17,3-4

15»Si tu hermano peca contra ti, vete y corrígele a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

16Si no escucha, toma entonces contigo a uno o dos, para que cualquier asunto quede firme por la palabra de dos o tres testigo s.

17Pero si no quiere escucharlos, díselo a la Iglesia. Si tampoco quiere escuchar a la Iglesia, tenlo por pagano y publicano.

18»Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19»Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los cielos se lo concederá.

20Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Perdón de las ofensas

Parábola del siervo despiadado (18,21-35)

Lc 17,3-4

21Entonces, se acercó Pedro a preguntarle: —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando peque contra mí? ¿Hasta siete?

22Jesús le respondió: —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

23Por eso el Reino de los Cielos viene a ser como un rey que quiso arreglar cuentas con sus siervos.

24Puesto a hacer cuentas, le presentaron uno que le debía diez mil talentos.

25Como no podía pagar, el señor mandó que fuese vendido él con su mujer y sus hijos y todo lo que tenía, y que así pagase.

26Entonces el siervo, se echó a sus pies y le suplicaba: «Ten paciencia conmigo y te pagaré todo».

27El señor, compadecido de aquel siervo, lo mandó soltar y le perdonó la deuda.

28Al salir aquel siervo, encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándole, lo ahogaba y le decía: «Págame lo que me debes».

29Su compañero, se echó a sus pies y se puso a rogarle: «Ten paciencia conmigo y te pagaré».

30Pero él no quiso, sino que fue y lo hizo meter en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

31Al ver sus compañeros lo ocurrido, se disgustaron mucho y fueron a contar a su señor lo que había pasado.

32Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado.

33¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?»

34Y su señor, irritado, lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda.

Mc 10,1-12

35Del mismo modo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano.

18,11 no lo traen los manuscritos más antiguos y esta edición lo deja en blanco.

Notas de la Facultad de Teología (4)

18,1-20-34Esta sección se inicia con el cuarto de los discursos del Señor en el Evangelio de Mateo, el Discurso Eclesiástico (18,1-35); en él se puede encontrar una especie de cuerpo de ordenamientos y advertencias que miran a la buena marcha de la vida posterior de la Iglesia: el acento de las enseñanzas de Jesús está puesto en las relaciones de los cristianos entre sí, y en las atribuciones y obligaciones de quienes en la Iglesia están constituidos en autoridad. La sección se continúa con la marcha hacia Judea y Jerusalén (19,1-20,34). Los episodios que recoge Mateo de esta fase del ministerio de Jesús contienen enseñanzas semejantes a las del capítulo anterior: sobre la vocación cristiana, sobre la precedencia en la Iglesia, etc.

18,1-14A las preguntas de los discípulos sobre quién es el más importante, responde Jesús con un gesto que parece una paradoja: «Si me preguntáis que es lo más esencial en la religión y en la disciplina de Jesucristo, os responderé: lo primero la humildad, lo segundo la humildad y lo tercero la humildad. (S. Agustín, Epist. 118,22). Después, el Señor advierte sobre el peligro del escándalo en la Iglesia. «El escándalo es la actitud o comportamiento que induce a otro a hacer el mal» (CCE 2284). Para resaltar su gravedad, Jesús utiliza imágenes hiperbólicas pero muy expresivas. Especialmente el escándalo es grave cuando se da a los preferidos del Señor, los más débiles, como los niños (v. 14). Muchos manuscritos añaden (v. 11): «Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido» tomándolo al parecer de Lc 19,10.

18,15-20El pasaje recoge tres notas para la vida de la Iglesia: la práctica de la fraternidad, la potestad de los pastores y la oración en común. Los cristianos y, especialmente los pastores, deben velar por sus hermanos como hizo Cristo, para que ninguno se pierda (cfr Jn 17,12). Con la práctica de la corrección fraterna, se especifica una manera de cooperar a la salvación del hermano que se ha desviado (vv. 15-17). La última solución –tenerlo por «pagano y publicano» (v. 17)– equivale a la excomunión, entendida como recurso final para salvar su alma (cfr 1 Co 5,4-5). «También el Colegio de los Apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro» (C. Vat. II, Lum. gent. 22). La Tradición de la Iglesia ha entendido estas palabras del Señor (v. 18) en su sentido genuino: «Las palabras atar y desatar significan: aquél a quien excluyáis de vuestra comunión, será excluido de la comunión con Dios; aquél a quien recibáis de nuevo en vuestra comunión, Dios lo acogerá también en la suya. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios» (CCE 1445). Finalmente, Jesús subraya el valor y el poder de la oración en común (vv. 19-20). La afirmación de Jesús debió de ser, para sus discípulos, reveladora de su carácter divino, pues había una expresión contemporánea que decía que cuando dos hombres se reúnen para ocuparse de las palabras de la Ley, Dios mismo está en medio de ellos.

18,21-35A la pregunta de Pedro sobre el número de veces que se debe perdonar, Jesús contesta con un circunloquio que viene a equivaler al adverbio «siempre» (cfr Gn 4,24): «No encerró el Señor el perdón en un número determinado, sino que dio a entender que hay que perdonar continuamente y siempre» (S. Juan Crisóstomo, Hom. in Mt. 61,1). La parábola del siervo despiadado da también la razón profunda del perdón: todos somos deudores con respecto a Dios. La parábola es muy elocuente si atendemos a las cantidades que se expresan: un denario equivalía al jornal diario de un trabajador; un talento valla unos seis mil denarios. Así, lo que el dueño perdona al siervo despiadado equivale a sesenta millones de denarios; una cifra desorbitante e imposible de restituir.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Mateo 18 — Parroquia Jesús Obrero