Capítulo 24
XI. DISCURSO ESCATOLÓGICO Y PARÁBOLAS (24,1-25-46)
Anuncio de la destrucción del Templo (24,1-51)
1Salió Jesús del Templo y, cuando se alejaba, sus discípulos se le acercaron para que se fijara en las construcciones del Templo.
2Pero él les dijo: —¿Veis todo esto? En verdad os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida. Comienzo de las tribulaciones Persecuciones por causa del Evangelio (Mc 13,3-13; Lc 21,7-19)
3Estando él sentado en el Monte de los Olivos, se le acercaron sus discípulos a solas y le preguntaron: —Dinos cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de tu venida y del final del mundo.
4Jesús les respondió: —Mirad que no os engañe nadie;
5porque vendrán en mi nombre muchos diciendo: «Yo soy el Cristo», y a muchos los seducirán.
6Vais a oír hablar de guerras y de rumores de guerras. Mirad, no os inquietéis, porque es necesario que ocurra, pero todavía no es el fin.
7Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, y habrá hambres y terremotos en diversos lugares.
8Todo esto será el comienzo de los dolores.
9»Entonces os entregarán al tormento, os matarán y todas las gentes os odiarán a causa de mi nombre.
10Y se escandalizarán muchos, se traicionarán mutuamente y se odiarán unos a otros.
11Surgirán muchos falsos profetas y seducirán a muchos.
12Y, al desbordarse la iniquidad, se enfriará la caridad de muchos.
13Pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.
14Y se predicará este Evangelio del Reino en todo el mundo en testimonio para todas las gentes, y entonces vendrá el fin. La gran tribulación (Mc 13,14-23; Lc 21,20-24)
15»Por eso, cuando veáis la abominación de la desolació n, que predijo el profeta Daniel, erigida en el lugar santo –quien lea, entienda–,
16entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes;
17quien esté en el terrado, que no baje a tomar nada de su casa;
18y quien esté en el campo, que no vuelva atrás para tomar su manto.
19¡Ay de las que estén encintas y de las que estén criando esos días!
20Rogad para que vuestra huida no ocurra ni en invierno ni en sábado.
21»Habrá entonces una gran tribulación, como no la hubo desde el principio del mundo hasta ahor a, ni la habrá.
22Y de no acortarse esos días, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos esos días se acortarán.
23»Entonces, si alguien os dijese: «Mirad, el Cristo está aquí o allí», no os lo creáis.
24Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, y se presentarán con grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los elegidos.
25Mirad que os lo he predicho.
26Y si os dijeran que está en el desierto, no vayáis; o que está en un lugar oculto, no os lo creáis.
27De la misma manera que el relámpago sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre.
28Dondequiera que esté el cadáver allí se reunirán los buitres. La venida del Hijo del Hombre (Mc 13,24-27; Lc 21,25-28)
29»Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo y las potestades de los cielos se conmoverán.
30Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre, y en ese momento todas las tribus de la tierra romperán en llanto s. Y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31Y enviará a sus ángeles que, con trompeta clamorosa, reunirán a sus elegidos desde los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos. Certeza del fin: la lección de la higuera (Mc 13,28-31; Lc 21,29-33)
32»Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano.
33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas.
34En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla.
35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Tiempos de la segunda venida de Cristo (Mc 13,32-37; Lc 17,22-37)
36»Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre.
37Lo mismo que en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.
38Pues, como en los días que precedieron al diluvio comían y bebían, tomaban mujer o marido hasta el día mismo en que entró Noé en el arca,
39y no se dieron cuenta sino cuando llegó el diluvio y los arrebató a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.
40Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro dejado.
41Dos mujeres estarán moliendo en el molino: una será tomada y la otra dejada. Necesidad de la vigilancia Parábola del siervo fiel
Lc 12,35-48; 21,34-36
42»Por eso: velad, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor.
43Sabed esto: si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría ciertamente velando y no dejaría que se horadase su casa.
44Por tanto, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre.
45»¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el amo puso al frente de la servidumbre, para darles el alimento a la hora debida?
46Dichoso aquel siervo a quien su amo cuando vuelva encuentre obrando así.
47En verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
48Pero si ese siervo fuese malo y dijera en sus adentros: «Mi amo tarda»,
49y comenzase a golpear a sus compañeros y a comer y beber con los borrachos,
50llegará el amo de aquel siervo el día menos pensado, a una hora imprevista,
51lo castigará duramente y le dará el pago de los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
Notas de la Facultad de Teología (3)
21,8-28,20Los evangelios sinópticos presentan el mismo esquema y los mismos motivos al narrar las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. Comienza el relato con una manifestación mesiánica de Cristo y con la purificación del Templo (21,1-22). Las controversias con los judíos dan razón de los motivos por los que después Jesús será condenado (21,23-23,39), y el llamado Discurso Escatológico completa las enseñanzas (24,1-25,46). La narración cobra especial intensidad cuando se detiene en las últimas horas de la vida de Jesús: su ofrecimiento a la voluntad del Padre (26,26-46), su prendimiento, proceso y condena (26,47-27,31), su muerte (27,32-66) y su resurrección (28,1-20). En este marco, el relato de Mateo destaca algunas notas: la entrega serena del Señor a su misión de Siervo doliente, el rechazo de Israel a los planes de Dios, etc.
24,1-25-46El Discurso Escatológico de Jesús –quinto de los que recoge San Mateo– se encuentra en los tres evangelios sinópticos. El relato de Mateo es el más extenso de los tres; se completa además, con las parábolas del cap. 25. El tema común en todo el discurso es una exhortación del Señor a la vigilancia y a la esperanza, pero también a dar el fruto de los talentos recibidos.
24,1-51El lenguaje utilizado aquí es apocalíptico: se sirve de diversos símbolos e imágenes para describir lo que sucederá al final. Se mezclan dos planos: la destrucción de Jerusalén y el fin del mundo presente. Se indica de esta manera que el primero es una figura o tipo del segundo. Sobre este fondo común a los evangelios sinópticos (cfr notas a Mc 13,1-37), Mateo recoge unos matices propios: la actitud de vigilancia debe manifestarse en obras de servicio, especialmente en aquellos que tienen una responsabilidad con sus hermanos (vv. 45-51), pues deben tener presente que las tribulaciones a las que se verán sometidos los discípulos serán muy duras (vv. 10-12). Por otra parte, la actitud que hemos de tener los cristianos debe ser de «tensa espera» pues el Señor vendrá de manera repentina, como un relámpago (v. 27), a la hora menos pensada (v. 50), sin que nos demos cuenta (vv. 36-41).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
