Capítulo 25
Parábola de las vírgenes necias y prudentes (25,1-13)
1Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo.
2Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes;
3pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite;
4las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas.
5Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron.
6A medianoche se oyó una voz: «¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!»
7Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas.
8Y las necias les dijeron a las prudentes: «Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan».
9Pero las prudentes les respondieron: «Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras».
10Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta.
11Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: «¡Señor, señor, ábrenos!»
12Pero él les respondió: «En verdad os digo que no os conozco».
13Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora.
Parábola de los talentos (25,14-30)
Lc 19,11-27
14»Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes.
15A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó.
16El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco.
17Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos.
18Pero el que había recibido uno fue, hizo un agujero en la tierra y escondió el dinero de su señor.
19Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos.
20Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos».
21Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».
22Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos».
23Le respondió su amo: «Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor».
24Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: «Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste;
25por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo».
26Su amo le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido;
27por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío con los intereses.
28Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez.
29»Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.
30En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes».
El Juicio Final (25,31-46)
31»Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria,
32y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
33y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda.
34Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo:
35porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis;
36estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».
37Entonces le responderán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?;
38¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?,
39o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?»
40Y el Rey, en respuesta, les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis».
41Entonces dirá a los que estén a la izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles:
42porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber;
43era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis».
44Entonces le replicarán también ellos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?»
45Entonces les responderá: «En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo.
46Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna». (Mc 14,1-2; Lc 22,1-2; Jn 11,45-57)
Notas de la Facultad de Teología (4)
21,8-28,20Los evangelios sinópticos presentan el mismo esquema y los mismos motivos al narrar las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. Comienza el relato con una manifestación mesiánica de Cristo y con la purificación del Templo (21,1-22). Las controversias con los judíos dan razón de los motivos por los que después Jesús será condenado (21,23-23,39), y el llamado Discurso Escatológico completa las enseñanzas (24,1-25,46). La narración cobra especial intensidad cuando se detiene en las últimas horas de la vida de Jesús: su ofrecimiento a la voluntad del Padre (26,26-46), su prendimiento, proceso y condena (26,47-27,31), su muerte (27,32-66) y su resurrección (28,1-20). En este marco, el relato de Mateo destaca algunas notas: la entrega serena del Señor a su misión de Siervo doliente, el rechazo de Israel a los planes de Dios, etc.
25,1-13La parábola es un ejemplo claro de la llamada a la vigilancia expuesta en el discurso anterior. El esposo representa a Jesucristo, las Vírgenes a las personas invitadas a la boda, es decir, a la alianza esponsal de Dios con su Iglesia. No basta con que estemos en la Iglesia, hay que mantener viva la fe y hacer buenas obras: «Vela con el corazón, con la fe, con la esperanza, con la caridad, con las obras (...); prepara las lámparas, cuida de que no se apaguen, aliméntalas con el aceite interior de una recta conciencia; permanece unido al esposo por el Amor, para que él te introduzca en la sala del banquete, donde tu lámpara nunca se extinguirá» (S. Agustín, Serm. 93,17).
25,14-30El talento no era propiamente una moneda, sino una unidad contable que equivalía aproximadamente a unos treinta y cuatro kilos de plata. El Señor enseña en esta parábola la necesidad de corresponder a la gracia de manera esforzada durante toda la vida. Hemos de hacer rendir los dones naturales y las gracias sobrenaturales recibidas de Dios. Lo importante no es el número, sino la generosidad para corresponder: «¿Tu vida para ti? Tu vida para Dios, para el bien de todos los hombres, por amor al Señor. ¡Desentierra ese talento! Hazlo productivo» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 2. 47).
25,31-46Las tres parábolas precedentes (24,42-51; 25,1-13; 25,14-30) se terminan con otra parábola que anuncia el juicio del Señor. Jesús presenta ese Juicio Final con toda su grandiosidad: «Entonces, se pondrán a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. Entonces será condenada la incredulidad culpable que ha tenido en nada la gracia ofrecida por Dios. La actitud con respecto al prójimo revelará la acogida o el rechazo de la gracia y del amor divino» (CCE 678). La parábola revela también las dimensiones del amor de Dios en la vida terrena. «Acá solas estas dos que nos pide el Señor; amor de Su Majestad y del prójimo; es en lo que hemos de trabajar. Guardándolas con perfección, hacemos su voluntad (...). La más cierta señal que –a mi parecer– hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber (aunque hay indicios grandes para entender que le amamos), mas el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios; porque es tan grande el que Su Majestad nos tiene, que en pago del que tenemos a el prójimo, hará que crezca el que tenemos a Su Majestad por mil maneras; en esto yo no puedo dudar» (S. Teresa de Jesús, Morad. 5,3,7-8).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
