Capítulo 28
El Señor resucita y se aparece a las mujeres (28,1-15)
1Pasado el sábado, al alborear el día siguiente, marcharon María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro.
2Y de pronto se produjo un gran terremoto, porque un ángel del Señor descendió del cielo, se acercó, removió la piedra y se sentó sobre ella.
3Su aspecto era como de un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve.
4Los guardias temblaron de miedo ante él y se quedaron como muertos.
5El ángel tomó la palabra y les dijo a las mujeres: —Vosotras no tengáis miedo; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado.
6No está aquí, porque ha resucitado como había dicho. Venid a ver el sitio donde estaba puesto.
7Marchad enseguida y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos; irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis. Mirad que os lo he dicho.
8Ellas partieron al instante del sepulcro con temor y una gran alegría, y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
9De pronto Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron, abrazaron sus pies y le adoraron.
10Entonces Jesús les dijo: —No tengáis miedo; id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán. Soborno a los soldados
11Mientras ellas se iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido.
12Se reunieron con los ancianos, se pusieron de acuerdo y dieron una buena suma de dinero a los soldados
13diciéndoles: —Tenéis que decir: «Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos».
14Y en el caso de que esto llegue a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad.
15Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy. (Mc
Aparición en Galilea y mandato apostólico universal (28,16-20)
16,14-18; Lc 24,36-49; Jn 20,19-31) 16 Los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
17Y en cuanto le vieron le adoraron; pero otros dudaron.
18Y Jesús se acercó y les dijo: —Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.
19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;
20y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.
Notas de la Facultad de Teología (4)
21,8-28,20Los evangelios sinópticos presentan el mismo esquema y los mismos motivos al narrar las últimas jornadas de la vida terrena de Jesús. Comienza el relato con una manifestación mesiánica de Cristo y con la purificación del Templo (21,1-22). Las controversias con los judíos dan razón de los motivos por los que después Jesús será condenado (21,23-23,39), y el llamado Discurso Escatológico completa las enseñanzas (24,1-25,46). La narración cobra especial intensidad cuando se detiene en las últimas horas de la vida de Jesús: su ofrecimiento a la voluntad del Padre (26,26-46), su prendimiento, proceso y condena (26,47-27,31), su muerte (27,32-66) y su resurrección (28,1-20). En este marco, el relato de Mateo destaca algunas notas: la entrega serena del Señor a su misión de Siervo doliente, el rechazo de Israel a los planes de Dios, etc.
26,1-28,20Los sucesos de la pasión de Nuestro Señor quedaron muy grabados en la memoria de sus discípulos: así se percibe en los discursos de los Apóstoles en el libro de los Hechos y en la intensidad de la narración de los cuatro evangelios. San Mateo pone de relieve en especial dos cosas: la grandeza de Jesús ante la perfidia de sus acusadores, y el motivo por el cual sufrió todas esas afrentas: lo hizo porque Él es el Siervo doliente, anunciado por los profetas, que cargó sobre sí nuestros pecados. Los designios de Dios se cumplen en la muerte de Jesús, pero también en su resurrección. Con ella y con el mandato apostólico se inicia una nueva etapa: Jesús resucitado permanece en la Iglesia, las puertas del Cielo se han abierto y hemos de anunciar este mensaje de salvación a todos los hombres.
28,1-15Las señales con las que el evangelista describe el anuncio de la resurrección (vv. 2-4) indican también la magnitud del hecho: «la fe en la Resurrección tiene por objeto un acontecimiento a la vez históricamente atestiguado por los discípulos que se encontraron realmente con el Resucitado, y misteriosamente trascendente en cuanto entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios» (CCE 656). Además este hecho tiene una singular importancia para la vida de los hombres pues «Cristo, «el primogénito de entre los muertos» (Col 1,18), es el principio de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma, más tarde por la vivificación de nuestro cuerpo» (ibid. 658). La verdadera resurrección de Cristo la presenta el evangelista incluso con la prueba contraria: la de quienes difundieron la calumnia del robo del cadáver (vv. 11-15): «¿Qué has dicho, oh astucia siniestra? ... ¿Presentáis testigos dormidos? Verdaderamente dormiste tú que, inventando tales patrañas, desfalleciste» (S. Agustín, Enarr. in Ps. 63,15).
28,16-20Los cuatro evangelistas recuerdan la dificultad de los Apóstoles para aceptar la resurrección de Jesús. Marcos (cfr Mc 16,9-20 y nota) es más explícito que Mateo, que sólo recoge una breve nota (v. 17): «No es cosa grande creer que Cristo murió. Esto también lo creen los paganos, los judíos (...). Todos creen que Cristo murió. La fe de los cristianos consiste en creer en la resurrección de Cristo. Tenemos por grande creer que Cristo resucitó» (S. Agustín, Enarr. in Ps. 120,6). Aceptada la resurrección, los discípulos reciben de Cristo la misión de la Iglesia: santificar a los hombres y enseñarles un modelo de conducta cristiano (vv. 19-20). Pero, en esta tarea, los discípulos de Jesús no estamos solos; Él es el Emmanuel, el «Dios-con-nosotros» (1,23), y, como Dios (v. 18), permanece con nosotros hasta el fin de los tiempos (v. 20).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
