Capítulo 4
Ayuno y tentaciones de Jesús (4,1-11)
1Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.
2Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre.
3Y acercándose el tentador le dijo: —Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
4Él respondió: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombr e, sino de toda palabra que procede de la boca de Dio s.
5Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo.
6Y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes a sus ángeles sobre t i, para que te lleven en sus mano s, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedr a.
7Y le respondió Jesús: —Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dio s.
8De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria,
9y le dijo: —Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras.
10Entonces le respondió Jesús: —Apártate, Satanás, pues escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y solamente a Él darás cult o.
PRIMERA PARTE MINISTERIO DE JESÚS EN GALILEA (§ 4,11-16,20)
11Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían. (Mc 1,14-15; Lc 4,14-15)
Predicación de Jesús (4,12-25)
12Cuando oyó que Juan había sido encarcelado, se retiró a Galilea.
13Y dejando Nazaret se fue a vivir a Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí,
14para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
15Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí en el camino del ma r, al otro lado del Jordá n, la Galilea de los gentile s,
16el pueblo que yacía en tinieblas ha visto una gran lu z; para los que yacían en región y sombra de muerte una luz ha amanecid o.
17Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: —Convertíos, porque está al llegar el Reino de los Cielos. Vocación de los primeros discípulos (Mc 1,16-20; Lc 5,1-11; Jn 1,35-51)
18Mientras caminaba junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón el llamado Pedro y Andrés su hermano, que echaban la red al mar, pues eran pescadores.
19Y les dijo: —Seguidme y os haré pescadores de hombres.
20Ellos, al momento, dejaron las redes y le siguieron.
21Pasando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan su hermano, que estaban en la barca con su padre Zebedeo remendando sus redes; y los llamó.
22Ellos, al momento, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron.
23Recorría Jesús toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo.
24Su fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curaba.
Lc 6,20-26
25Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.
Notas de la Facultad de Teología (4)
3,1-4,11San Mateo relata la preparación inmediata de Jesús antes de su manifestación pública. Esta preparación se desarrolla en lugares cargados de enorme significado salvífico en la historia del pueblo de Israel: el río Jordán, puerta de entrada en la tierra prometida (cfr Jos 3,8), y el desierto, lugar de pruebas y purificación del pueblo (cfr Dt 8,2). Tales son los escenarios en los que tiene lugar la inauguración del Reino de Dios con la llegada del Mesías, anunciada y reconocida por Juan el Bautista, el último de los profetas.
4,1-11Antes de comenzar su obra mesiánica y de promulgar la Nueva Ley en el Discurso de la Montaña, Jesús se prepara con oración y ayuno en el desierto. Moisés había procedido de modo semejante antes de promulgar, en nombre de Dios, la Antigua Ley del Sinaí (Ex 34,28), y Elías había caminado cuarenta días en el desierto para llevar a cabo su misión de renovar el cumplimiento de la Ley (cfr 1 R 19,5-8). También la Iglesia nos invita a renovarnos interiormente con prácticas penitenciales durante el tiempo de Cuaresma: «Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante y la virtud permanente: la oración, el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede y la misericordia recibe» (S. Pedro Crisólogo, Serm. 43). Con el episodio de las tentaciones Mateo presenta a Jesús como el nuevo Israel, en contraste con el antiguo. Jesús es tentado, como lo fueron Moisés y el pueblo elegido en su peregrinar durante cuarenta años por el desierto. Los israelitas cayeron en la tentación: murmuraron contra Dios al sentir hambre (Ex 16,1ss.), exigieron un milagro cuando les faltó agua (Ex 17,1-7), adoraron al becerro de oro (Ex 32). Jesús, en cambio, vence la tentación y, al vencerla, «manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás y a la que los hombres (cfr Mt 16,21-23) le quieren atribuir». (CCE 540).
4,11-16,20Comienza el ministerio en Galilea. Jesús proclama, con palabras y obras, que el Reino de Dios ha llegado. En primer lugar, llama a sus discípulos y convoca al nuevo Pueblo de Dios (4,12-25). A continuación, como supremo Maestro, Legislador y Profeta, promulga la Nueva Ley del Reino en el Discurso de la Montaña (5,1-7,29). Su enseñanza queda avalada por «las obras del Mesías», los milagros que confirman su autoridad (8,1-9,38). El envío de los Apóstoles (10,1-42) y las acciones (11,1-12,50) y palabras (13,1-52) de Jesús señalan que es más que un Maestro: es el Mesías de Israel. Los dirigentes religiosos del pueblo escogido (11,16-12,45) se obstinan en rechazarlo, pero los signos son tan evidentes (14,13-15,39) que San Pedro le confiesa como lo que verdaderamente es: el Mesías, Hijo de Dios (1 6,13-20).
4,12-25La tierra que en tiempos de Isaías estaba devastada y maltratada, a la que habían sido llevados grupos de poblaciones extranjeras para colonizarla, ha sido la primera en recibir la luz de la salvación y la predicación del Mesías (cfr Is 8,23-9,1). Así se cumplen las profecías. A diferencia de Juan, que sólo anuncia la inminencia del Reino, nuestro Señor comienza a instaurar ese Reino en la historia humana con sus obras y palabras. Así llama a seguirle, dejando todo, a los primeros discípulos con los que formará más tarde el grupo de los Doce sobre los que fundará su Iglesia. Los milagros son signos de que Jesús instaura el Reino de Dios, signos de la misericordia y la gracia divinas que, por medio de Jesús, se ofrecen a todos los hombres, representados en la muchedumbre que acude a Él. «El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras (...). Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo» (C. Vat. II, Lum. gent. 5).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
