Capítulo 11
Salvación de una parte de Israel (11,1-12)
1Entonces digo yo: ¿es que Dios rechazó a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, del linaje de Abrahán, de la tribu de Benjamín.
2No ha rechazado Dios a su puebl o, al cual eligió de antemano. ¿Es que no sabéis lo que dice la Escritura en el episodio de Elías, cómo dirige a Dios sus quejas contra Israel:
3Señor, mataron a tus profetas, derribaron tus altares, y quedo yo solo, y buscan mi vida?
4Pero, ¿qué le dice la respuesta divina? Me he reservado siete mil varones, que no doblaron la rodilla ante Baa l.
5Así pues, también en el tiempo presente ha quedado un resto según elección gratuita.
6Ahora bien, si es por gracia, no es por las obras, porque entonces la gracia ya no sería gracia.
7¿Entonces, qué? Lo que Israel busca no lo consiguió, mientras que los elegidos lo consiguieron; los demás, en cambio, se endurecieron,
8conforme está escrito: Les dio Dios espíritu de necedad, ojos para no ver y oídos para no oír, hasta el día de ho y.
9Y David dice: Que se les convierta la mesa en laz o, en trampa, en tropiezo y en castigo
10Que se les llenen de tinieblas los ojos para no ve r. Doblégales las espaldas por siempr e.
11Digo, pues: ¿es que tropezaron hasta caer definitivamente? ¡De ninguna manera! Al contrario, por su caída vino la salvación a los gentiles, para provocar su celo.
12Pues si su caída es riqueza del mundo, y su fracaso riqueza de los gentiles, ¡cuánto más lo será su plenitud!
El nuevo pueblo elegido (11,13-24)
13Pero a vosotros, los gentiles, os digo: siendo yo, en efecto, apóstol de las gentes, hago honor a mi ministerio,
14por si de alguna forma provoco celo a los de mi raza y salvo a algunos de ellos.
15Porque si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su restauración sino una vida que surge de entre los muertos?
16Y si los primeros panes son santos, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas.
17Y si se han cortado algunas de las ramas y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en su lugar y participas de la raíz y de la savia del olivo,
18no te gloríes, contra las ramas; si te glorías, ten en cuenta que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a ti.
19Dirás entonces: «Se han cortado las ramas para que yo fuese injertado».
20Bien, fueron cortadas por la incredulidad, tú en cambio te mantienes por la fe. No te engrías: más bien teme;
21no sea que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdone a ti.
22Considera, por tanto, la bondad y la severidad de Dios: con los que cayeron, la severidad; contigo, la bondad de Dios, con tal de que permanezcas en ella; de lo contrario, también a ti te cortarán.
23También ellos, si no persisten en la incredulidad, serán injertados; pues Dios tiene poder para injertarlos de nuevo.
24Pues, si tú fuiste cortado de un olivo silvestre, tu árbol natural, y fuiste injertado, en contra de lo que te es natural, en un olivo bueno, ¡cuánto más aquéllos serán injertados conforme a lo que les es natural en su propio olivo!
La conversión de Israel (11,25-36)
25Porque no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, para que no os consideréis sabios a vuestros ojos: que la ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrara la plenitud de los gentiles,
26y así todo Israel se salve, como está escrito: De Sión vendrá el libertador, apartará de Jacob las impiedades;
27y ésta será mi alianza con ellos, cuando haya borrado yo sus pecado s.
28Por lo que se refiere al Evangelio, han llegado a ser enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de sus padres.
29Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables.
30Pues así como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, y ahora habéis alcanzado misericordia a causa de su desobediencia,
31así también ellos ahora no han obedecido, para que vosotros alcancéis misericordia, a fin de que también ellos consigan la misericordia.
32Porque Dios encerró a todos en la desobediencia, para tener misericordia de todos.
33¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus juicios y qué inescrutables sus caminos!
34Pues ¿quién conoció los designios del Señor?, o ¿quién llegó a ser su consejero?,
35o ¿quién le dio primero algo, para poder recibir a cambio una recompensa?
SEGUNDA PARTE
36Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos. Amén.
Notas de la Facultad de Teología (5)
1,18-11,36La parte doctrinal de la carta está centrada en el significado, naturaleza y consecuencias de la justificación que Cristo nos ha ganado. Tras afirmar que únicamente por medio de Cristo, y por la fe en Él, el hombre puede llegar a ser justo delante de Dios (1,18-4,25), San Pablo explica cómo, mediante el Bautismo, entramos a participar en la reconciliación con Dios obtenida por el sacrificio de Cristo, y las consecuencias que conlleva: libertad, vida en el Espíritu, filiación divina (5,1-8,39). Finalmente, muestra cuál ha sido, y sigue siendo, el papel de Israel en la manifestación definitiva de la acción justificadora de Dios (9,1-11,36).
9,1-11,36Retomando lo enunciado en 3,1-2, San Pablo trata de manera extensa el privilegio del pueblo hebreo al ser destinatario de la revelación divina. El ejemplo de la elección gratuita de Jacob como heredero de la promesa, frente al rechazo de Esaú (9,1-13), lleva consigo la revelación del misterio de la predestinación divina que no contradice la libertad humana (9,14-33). Por otro lado, el antiguo pueblo elegido ha sido infiel a su vocación y ha causado así que la misericordia divina se haya desbordado sobre los gentiles (10, 1-21). Pero la reprobación de Israel no será total: un resto se salvará (11,1-12). Cerrando la sección se presenta la contemplación de la antítesis entre el nuevo pueblo elegido y el antiguo (11,13-24), para anunciar que, en los tiempos finales, la Sabiduría divina ha dispuesto ya la conversión de Israel y la unión de todos los fieles (11,25-36).
11,1-12El Apóstol evoca el tema bíblico del «resto de Israel» –nombre dado en la predicación profética al grupo de israelitas que se mantenían fieles a Dios en momentos de infidelidad generalizada– para explicar que ante la predicación del Evangelio sólo un reducido grupo de judíos ha creído. Éstos son el «resto de Israel» que Dios ha elegido para que en ellos se cumplieran las promesas. La conversión del propio Pablo constituye un ejemplo y una prenda de este retorno del pueblo de Israel a su Dios. Análogamente, en la historia de la Iglesia, no faltan ocasiones en que muchos se alejan de Dios. En esos momentos de crisis, confiando en las promesas de Dios, los cristianos hemos de considerar que también el Señor quiere servirse de un «resto» fiel, para dar remedio a la situación: «Un secreto. —Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. —Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana. —Después... «pax Christi in regno Christi» —La paz de Cristo en el reino de Cristo» (S. Josemaría Escrivá, Camino 301).
11,13-24La conversión de los gentiles debe ser ocasión de celo para que los judíos también se conviertan. El buen olivo representa la comunidad de los fieles del Antiguo Testamento y, a la vez, el Israel de Dios que es la Iglesia. Las ramas naturales que han quedado son los judíos convertidos al cristianismo; las ramas desgajadas son los judíos incrédulos que rechazaron a Cristo; las ramas del olivo silvestre, injertadas en el buen olivo, son los gentiles que, habiendo salido de una raíz no cultivada, han pasado a ocupar el lugar de los judíos infieles a la gracia, para ser unidos en la misma fe con los patriarcas y con los profetas, y tener parte en las bendiciones prometidas. La comparación persigue un doble fin: por un lado, corregir la jactancia de los cristianos venidos de la gentilidad, pues si las ramas naturales y escogidas han sido arrancadas, mucho más fácilmente lo podrán ser aquellas que originariamente son extrañas; por otro, se quiere animar a los cristianos provenientes del judaísmo y fomentar su esperanza, ya que, si en ellos han sido injertadas las ramas del olivo silvestre, con más facilidad podrán ser de nuevo unidas las que son ramas naturales.
11,25-36San Pablo anuncia que según el plan de Dios, que no se vuelve atrás de sus promesas (v. 29), al final todos los pueblos se convertirán. «Juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol, la Iglesia espera el día, conocido sólo por Dios, en que todos los pueblos con una sola voz invocarán al Señor y «le servirán bajo un mismo yugo» (So 3,9)» (C. Vat. II, Nost. aet. 4). La conversión de los judíos, que seguirá a la de los gentiles, es un secreto –un «misterio», dice el texto (v. 25)– del porvenir, que ocurrirá cuando Dios quiera en sus insondables designios. No significa que la conversión del pueblo judío deba ser una de las señales del fin del mundo. La Iglesia pide al Señor que escuche sus oraciones «para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención» (Misal Romano, Liturg. Viernes Santo, Or. de los fieles). La bondad admirable de Dios que ha permitido la desobediencia de judíos y gentiles, para apiadarse de ellos y tener compasión de sus miserias, arranca en el Apóstol (vv. 33-36) unas encendidas exclamaciones de alabanza al misterioso designio de Dios.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
