Capítulo 12
VIVIR SEGÚN LA CARIDAD (§ 12,1-16-27)
IV. LA CONDUCTA DEL CRISTIANO (12,1-13,14)
La unidad del Cuerpo Místico (12,1-8)
1Os exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto espiritual.
2Y no os amoldéis a este mundo, sino, por el contrario, transformaos con una renovación de la mente, para que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto.
3Porque, en virtud de la gracia que me fue dada, os digo a cada uno de vosotros que no os estiméis en más de lo que conviene, sino que debéis teneros una sobria estima, según la medida de la fe que Dios ha otorgado a cada uno.
4Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función,
5así nosotros, que somos muchos, formamos en Cristo un solo cuerpo, siendo todos miembros los unos de los otros.
6Tenemos dones diferentes conforme a la gracia que se nos ha dado: si se trata de profecía, que sea de acuerdo con la fe,
7y si se trata del ministerio, que sea sirviendo. Y si uno tiene que enseñar, que enseñe,
8y si tiene que exhortar, que exhorte. El que da, que dé con sencillez; el que preside, que lo haga con esmero; el que ejercita la misericordia, que lo haga con alegría.
La caridad con el prójimo (12,9-21)
9Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndoos al bien;
10amándoos de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo;
11diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor;
12alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración;
13compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad.
14Bendecid a los que os persiguen; bendecidlos y no los maldigáis.
15Alegraos con los que se alegran, llorad con los que lloran.
16Tened los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejaros llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándoos a las cosas humildes. No os tengáis por sabios ante vosotros mismos.
17No devolváis a nadie mal por mal: buscad hacer el bien delante de todos los hombre s.
18Si es posible, en lo que está de vuestra parte, vivid en paz con todos los hombres.
19No os venguéis, queridísimos, sino dejad el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza, yo retribuiré lo merecid o, dice el Señor..
20Por el contrario, si tu enemigo tuviese hambre, dale de comer; si tuviese sed, dale de beber; al hacer esto, amontonarás ascuas de fuego sobre su cabez a.
21No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.
Notas de la Facultad de Teología (4)
12,1-16-27La revelación de la unidad de todos en Cristo inicia la parte moral de la carta, en la que el tema central es la vida según la caridad (12,1-13,14), que conlleva unas exigencias concretas y que se ha de desarrollar según el ejemplo de Cristo (14,1-15,13). A ese espíritu responde la actuación del Apóstol (15,14-16,27).
12,1-13,14San Pablo enuncia el principio general que debe regir la vida cristiana: la caridad es el vínculo de unión de los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Todos somos en Cristo un solo cuerpo y miembros unos de otros (12,1-8); de ahí brota la exigencia de la caridad fraterna (12,9-21). En este contexto, la obediencia a la autoridad, que viene de Dios y está al servicio de Dios (13,1-7), también debe estar impregnada del amor de Dios. Por todo ello, la caridad es la plenitud de la Ley (13,8-14).
12,1-8En los vv. 1-2 el Apóstol introduce la invitación a dar a Dios un culto espiritual, como consecuencia de la nueva condición dada por el Bautismo. Los cristianos son el nuevo Pueblo de Dios y están incorporados a Cristo como miembros suyos, de modo que «todos, por el Bautismo, hemos sido constituidos sacerdotes de nuestra propia existencia, «para ofrecer víctimas espirituales, que sean agradables a Dios por Jesucristo» (1 P 2,5), para realizar cada una de nuestras propias acciones en espíritu de obediencia a la voluntad de Dios, perpetuando así la misión del Dios-Hombre» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 96). Pablo explica los diversos «dones» o carismas que hay en la Iglesia sirviéndose de la imagen del cuerpo para resaltar la variedad que existe en ella: cada uno cumple un papel definido y coopera al bien de todos, a la vez que busca su propio bien espiritual (Cfr 1 Co 12,12-31).
12,9-21«Después de haber hablado el Apóstol de aquellos dones que no son comunes a todos, aquí enseña que la caridad es el don común a todos» (S. Tomás de Aquino, Sup. epist. ad Rom. in loc.). La verdadera caridad se manifiesta de muy diversas formas, de acuerdo con las necesidades y las posibilidades de cada uno. Siempre se ha de distinguir por buscar el bien y huir del mal (v. 9), se ha de ejercitar con los que ya son cristianos (vv. 10-13) y con los que aún no poseen la misma fe (vv. 17-21). «Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpar a todos, hemos de perdonar a todos (...). Así Cristo reinará en nuestra alma, y en las almas de los que nos rodean» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 182).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
