Romanos

Capítulo 1

PRESENTACIÓN (1,1-17)

Saludo (1,1-15)

1Pablo, siervo de Jesucristo, apóstol por vocación, designado para el Evangelio de Dios,

2que Él de antemano prometió por sus profetas en las Santas Escrituras

3acerca de su Hijo Jesucristo, Señor nuestro, nacido del linaje de David según la carne,

4constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santificación por la resurrección de entre los muertos,

5por quien hemos recibido la gracia y el apostolado para la obediencia de la fe entre todas las gentes para gloria de su nombre,

6entre las que estáis también vosotros, elegidos de Jesucristo,

7a todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos: gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

8Ante todo doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, ya que vuestra fe es alabada en todo el mundo.

9Pues Dios, a quien sirvo con todo mi espíritu en la predicación del Evangelio de su Hijo, es mi testigo de cómo me acuerdo de vosotros sin cesar,

10pidiendo siempre en mis oraciones que, si es voluntad de Dios, algún día tenga ocasión favorable de llegar hasta vosotros.

11Porque deseo veros con el fin de comunicaros alguna gracia espiritual para que seáis fortalecidos,

12es decir, para que yo sea consolado con vosotros por la fe que nos es común a vosotros y a mí.

13Pues no quiero que ignoréis, hermanos, que muchas veces me propuse llegar hasta vosotros –aunque hasta ahora no me ha sido posible– para recoger también entre vosotros, como entre los demás gentiles, algún fruto.

14Soy deudor de griegos y de bárbaros, de sabios y de ignorantes.

15De forma que, por lo que a mí respecta, estoy dispuesto a predicaros el Evangelio también a los que estáis en Roma.

Tema de la carta (1,16-17)

16No me avergüenzo del Evangelio, porque es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío en primer lugar y también del griego.

17Pues en él se revela la justicia de Dios de la fe hacia la fe, como está escrito: El justo vivirá de la f e.

PRIMERA PARTE

JUSTIFICACIÓN POR MEDIO DE JESUCRISTO (§ 1,18-11,36)

I. LA JUSTICIA POR LA FE (1,18-4,25)

Culpa y castigo de los gentiles (1,18-32)

18En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo sobre toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen aprisionada la verdad en la injusticia.

19Porque lo que se puede conocer de Dios es manifiesto en ellos, ya que Dios se lo ha mostrado.

20Pues desde la creación del mundo las perfecciones invisibles de Dios –su eterno poder y su divinidad– se han hecho visibles a la inteligencia a través de las cosas creadas. De modo que son inexcusables,

21porque habiendo conocido a Dios no le glorificaron como Dios ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y se oscureció su insensato corazón:

22presumiendo de sabios se hicieron necios

23y llegaron a transferir la gloria del Dios incorruptible a imágenes que representan al hombre corruptible, y a aves, a cuadrúpedos y a reptiles.

24Por eso Dios los abandonó a los malos deseos de sus corazones, a la impureza con que deshonran entre ellos sus propios cuerpos:

25cambiaron la verdad de Dios por la mentira y dieron culto y adoraron a la criatura en lugar del Creador, que es bendito por los siglos. Amén.

26Por lo tanto, Dios los entregó a pasiones deshonrosas, pues sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contrario a la naturaleza,

27y del mismo modo los varones, dejando el uso natural de la mujer, se abrasaron en deseos de unos por otros, cometiendo torpezas varones con varones y recibiendo en sí mismos el pago merecido por sus extravíos.

28Y como demostraron no tener un verdadero conocimiento de Dios, Dios los entregó a un perverso sentir que les lleva a realizar acciones indignas,

29colmados de toda iniquidad, malicia, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidio, riñas, engaño, malignidad; chismosos,

30calumniadores, enemigos de Dios, insolentes, soberbios, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes con sus padres,

31insensatos, desleales, desamorados, despiadados.

32Ellos, aunque conocieron el juicio de Dios –que quienes hacen estas cosas merecen la muerte–, no sólo las hacen, sino que defienden a quienes las hacen.

Notas de la Facultad de Teología (13)

1,1-17La carta se inicia con la presentación que hace Pablo de sí mismo y de los derechos que le amparan para predicar el Evangelio que ha recibido. A continuación (vv. 16-17) enuncia el tema que va a tratar: la justificación que viene de la fe en Cristo.

1,1-15Tres contenidos aparecen en este saludo: a) Pablo se presenta en su condición de servidor de Jesucristo –al modo como los antiguos profetas eran servidores de Dios (cfr 1 S 3,9; Is 42,1)–, y en calidad de elegido por el Señor para predicar el Evangelio a los gentiles. Así justifica la carta ante los fieles de Roma a los que todavía no conoce. b) Manifiesta el deseo de ir allí, recordando a aquellos cristianos que han recibido la llamada a ser santos, y alabándoles por su fe. Con ello prepara la buena recepción de la carta y de sí mismo cuando vaya a Roma. c) Señala por quién han recibido la vocación él mismo y los cristianos de Roma: por Jesucristo, a quien presenta en síntesis e indica cuál es la obra que ha llevado a cabo (vv. 2-4). De este modo anticipa ya el contenido del Evangelio que Pablo predica por todas partes. «Obediencia de la fe» (v. 5) significa la aceptación del Evangelio, cuyo alcance supera la inteligencia humana y sólo puede ser aceptado por la fe en Dios que lo ha revelado. San Pablo se siente «deudor» (v. 14) porque entiende que todas esas gentes tienen derecho a recibir su predicación, ya que ésa es la misión que ha recibido.

1,16-17El Apóstol enuncia el tema de la carta: la justificación que viene de la fe. «Justicia de Dios» significa la acción divina por la que el Señor salva al hombre pecador, haciéndole justo ante Él. «De la fe hacia la fe», quiere decir que la justicia divina en el hombre comienza y se perfecciona por la fe.

1,18-11,36La parte doctrinal de la carta está centrada en el significado, naturaleza y consecuencias de la justificación que Cristo nos ha ganado. Tras afirmar que únicamente por medio de Cristo, y por la fe en Él, el hombre puede llegar a ser justo delante de Dios (1,18-4,25), San Pablo explica cómo, mediante el Bautismo, entramos a participar en la reconciliación con Dios obtenida por el sacrificio de Cristo, y las consecuencias que conlleva: libertad, vida en el Espíritu, filiación divina (5,1-8,39). Finalmente, muestra cuál ha sido, y sigue siendo, el papel de Israel en la manifestación definitiva de la acción justificadora de Dios (9,1-11,36).

1,18-4,25En estos capítulos San Pablo va a exponer que la justificación por la fe es el único camino de salvación para todos los hombres, pues todos son pecadores: los paganos por su idolatría y sus perversiones (1,18-32), los judíos por sus pecados y transgresiones de la Ley (2,1-24). Por tanto, todos, los judíos, a pesar de la circuncisión y de las promesas (cfr 2,25-3,8), y los gentiles, son pecadores delante de Dios (3,9-20) y necesitan ser justificados por su gracia que concede a quienes creen en Cristo (3,21-31). De manera semejante Dios concedió las promesas a Abrahán, no por las obras, sino por la fe (4,1-25).

1,18-32Pablo describe la idolatría de su tiempo (vv. 18-23) y las consecuencias que se derivan (vv. 24-32). Solamente reconociendo a Dios creador de todo, el hombre está en condiciones de reconocer y alcanzar su propia dignidad. Sin embargo, cuando le rechaza incurre en lo que el Apóstol denomina «ira de Dios» (v. 18). Ésta es una expresión metafórica frecuente en la Biblia para significar los sentimientos divinos cuando el hombre se aleja de Dios y actúa contra su Ley. No ha de entenderse «ira» en sentido de deseo de venganza sino, como se ve a continuación, en sentido de que Dios permite al hombre hundirse en el pecado y la depravación porque respeta su libertad. En este sentido «ira» significa también el castigo de Dios, y, especialmente, la privación eterna de contemplar y gozar de su gloria. La «injusticia» (v. 18) de la que aquí se habla se refiere al rechazo de la verdad, a pesar de la inclinación natural en el hombre a buscarla siempre y amarla. A partir de los vv. 19-20 y de otros pasajes de la Biblia, la iglesia enseña la posibilidad del conocimiento natural de Dios a partir del mundo material creado. «El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas «vías», el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, «y que todos llaman Dios» (S. Tomás de Aquino, S. th. 1,2,3)» (CCE 34). Una conducta semejante a la que se refleja en el v. 32 se observa en nuestro tiempo cuando «amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual» (Juan Pablo II, Evang. vit. 4).

1LAGRANGE, P.310, No sabemos si la enseñanza de Pablo se debe a alguna razón particular. De cualquier modo, estas enseñanzas no están ligadas a circunstancias de espacio y tiempo. La Iglesia las ha conservado como una doctrina valedera para todos los tiempos.

2Existe una gran controversia a propósito del término ™xous…ai. Unos autores opinan que se trata sólo de las autoridades del Estado. Según otros, designa no sólo las autoridades civiles, sino también las potencias angélicas, a las cuales está confiado el orden del mundo hasta la parusía. Una amplia discusión sobre el tema Puede verse en O. CULLMANN, Dieu et César (París 1956), apéndice 1: A propos des dernières discussions au sujet des «exousiai» de Rom 13,1; reproduce un artículo publicado en ThZ (1954) p-321-336; H. SCHLIER, Mächte und Gewalten nach dem NT: GL 31 (1958) 173-183; y el libro del mismo nombre y autor; A. STROBEL, Zum Verständniss von Rom 13: ZNTW 47 (1956) p.67-93, crítica la posición de Cullmann.

3Yuc¾ no designa el alma en contraposición al cuerpo, ni todos los vivientes, incluso los animales, sino a todos los hombres, cualquiera sea su dignidad.

4La solución de Pablo es taxativa, pero hay que entenderla en sí misma y en las circunstancias históricas: 1) El antiguo derecho semita consideraba a la divinidad, al dios de la ciudad, como un verdadero soberano; el rey no era más que su representante, nombrado por decreto para hacer observar, ante todo, él orden religioso. Cf. DHORME, La réligion assyro-babitonienne p. 146ss. 2) Este mismo principio regía entre los israelitas, no sólo en relación con los reyes nombrados por Yahvé y ungidos por sus profetas, sino en relación con todos los reyes en general. Una prueba de esto era el sacrificio y las plegarias elevadas por los reyes aun paganos (Jer 29,7; Par I,II; I Esdr 6,9ss; I Mac 7,33). 3) Lo mismo se ha de decir del judaísmo del siglo I de nuestra era. Cf. E. SCHÜRER, Geschichte des jüdischen Volkes I, P-483; II, p.359. 4) El antiguo derecho romano, religioso y sacerdotal, cedía el lugar a un derecho fundado sobre la razón humana. El soberano, legislador y juez al mismo tiempo, recibía su poder del pueblo, al que representaba. La idea de que se pecaba contra la divinidad si se rehusaba la obediencia al príncipe, se debilitaba cada día más. 5) Por otro lado, los elementos más exaltados del judaísmo, los zelotes, sólo reconocían el poder de Dios, y consideraban que someterse a un poder puramente humano, y más si era pagano, era una especie de apostasía religiosa. Recuérdese el caso de Judas Galaunita o Galileo. Es posible que este modo de pensar hubiera penetrado en algunos círculos cristianos. 6) Pablo se coloca en la situación concreta de su época. Hasta ese momento, la autoridad estaba ejercida legítima y pacíficamente. No se consideraba el caso de que el poder se disputara por la fuerza. Se supone además que la autoridad se dedica a fomentar el bien común y se desconoce el estado de tiranía o persecución. Cf. LAGRANGE, P-310-311; HUBY, p. 435-437; además, el excursus 8.

5LAGRANGE, P-314. Santo Tomás (In omnes S. Pauli epistolae commentaria [Taurini 19241 v. I p. 181) distingue en el poder tres aspectos: 1) el poder en sí mismo; así considerado, el poder viene de Dios; 2) la manera de llegar al poder; ésta puede ser ordenada o desordenada e ilícita; 3) el uso del poder; puede ser conforme o contrario a los preceptos de la justicia divina. Pablo considera sólo el primer aspecto: el poder en sí mismo como viniendo de Dios. 6 fÒboj dio di¦ toàto kaˆ, que significa aquí «objeto de temor». 7 diÒ se refiere al principio expuesto en el v. 1 y a la afirmación dos veces repetida de que los funcionarios cumplen su misión como ministros de Dios. Por esto es una obligación ineludible someterse a ellos (LAGRANGE, P-313).

8La expresión di¦ toàto kaˆ significaría: advertid que por esto mismo, es decir, para cumplir con una obligación de conciencia, pagáis tributos porque así contribuís, de un modo razonable, a un servicio necesario y, en cierto modo, divino. Otras traducciones propuestas pueden verse en Lagrange (p. 314).

9En griego, aeitourgo…. El sentido de la palabra, tomada del griego profano, ha sido matizada por el derecho que tenían los ministros del templo a recibir tributos (Núm. 18,21) Cf. LAGRANGE, p. 315.]]]

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

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