Capítulo 2
Incoherencia de la acepción de personas (2,1-13)
1Hermanos míos, no intentéis conciliar la fe en nuestro Señor Jesucristo, glorioso, con la acepción de personas.
2Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con anillo de oro y vestido espléndido, y entra también un pobre mal vestido.
3Y os fijáis en el que lleva el vestido espléndido y le decís: «Tú, siéntate aquí, en buen sitio»; y, en cambio, al pobre le decís: «Tú, quédate ahí», o «siéntate en el suelo, a mis pies».
4¿No estáis haciendo entonces distinciones entre vosotros y juzgando con criterios perversos?
5Escuchad, hermanos míos queridísimos: ¿acaso no escogió Dios a los pobres según el mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que le aman?
6Vosotros, en cambio, habéis deshonrado al pobre. ¿Y no son los ricos quienes os oprimen y os arrastran a los tribunales?
7¿No son ellos los que blasfeman el hermoso nombre que ha sido invocado sobre vosotros?
8Si cumplís le ley regia, según dice la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mism o, obráis bien;
9pero si hacéis acepción de personas, cometéis un pecado, y la Ley os condena como transgresores.
10Porque quien observa toda la Ley, pero falta en un solo mandamiento, se hace reo de todos.
11Porque Aquel que dijo: No cometerás adulteri o, dijo también: No matará s. Y si no cometes adulterio, pero matas, te has hecho transgresor de la Ley.
12Por tanto, hablad y obrad como quienes van a ser juzgados por la ley de la libertad.
13Porque quien no practica la misericordia tendrá un juicio sin misericordia. La misericordia, en cambio, prevalece frente al juicio.
II. LA FE Y LAS OBRAS (2,14-26)
La fe sin obras está muerta (2,14-19)
14¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle?
15Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano,
16y alguno de vosotros les dice: «Id en paz, calentaos y saciaos», pero no le dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?
17Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta.
18Pero alguno podrá decir: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe.
19¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien; pero también los demonios lo creen, y se estremecen».
Testimonio de personajes bíblicos (2,20-26)
20¿Quieres saber, hombre necio, cómo la fe sin obras es estéril?
21Abrahán, nuestro padre, ¿acaso no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
22¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras, y cómo la fe alcanzó su perfección por las obras?
23Y así se cumplió la Escritura que dice: Creyó Abrahán a Dios y le fue contado como justicia, y fue llamado amigo de Dio s.
24Ya veis que el hombre queda justificado por las obras y no por la fe solamente.
25Del mismo modo Rahab, la meretriz, ¿no fue también justificada por las obras, cuando hospedó a los mensajeros y les hizo salir por otro camino?
26Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
Notas de la Facultad de Teología (6)
1,1-5,20Más que una carta dirigida a destinatarios conocidos, este escrito sagrado parece un tratado u homilía de carácter sapiencial. Las recomendaciones se suceden sin seguir un orden. Comienza con instrucciones sobre la paciencia en las pruebas y el respeto a la dignidad de los pobres (1,2-2,13). Después muestra la necesidad de las obras que han de acompañar a la fe (2,14-26); y pasa de nuevo a dar recomendaciones concretas (3,1-5,20), entre las que sobresalen las amonestaciones a los ricos (5,1-6) y el valor de la oración y unción sobre los enfermos (5,13-18).
1,2-2,13Se recogen instrucciones en las que aflora la necesidad de que no haya rupturas entre la fe y la conducta.
2,1-13Buena parte de los primeros destinatarios de la carta debían de ser de condición humilde. La Ley de Moisés condenaba la discriminación de personas; Jesucristo corrigió las interpretaciones restringidas de esa Ley y formuló el «mandamiento nuevo» (cfr Jn 13,34). Tanto en la Antigua Ley (vv. 10-11) como en la Nueva, «transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros. No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas» (CCE 2069).
2,14-26Se condensa aquí la idea central: la fe que no se traduce en obras está muerta. Se aduce el ejemplo de personajes bíblicos.
2,14-19Una fe sin obras no puede salvar (cfr Mt 7,21). El ejemplo de los vv. 15-16 es similar al de 1 Jn: «Si alguno posee bienes de este mundo y, viendo que su hermano padece necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor a Dios?» (3,17). La conclusión es semejante: «Hijos míos, no amemos de palabra ni con la boca, sino con obras y de verdad» (3,18). San Pablo, por su parte, subraya: «No consiste el Reino de Dios en hablar sino en hacer» (1 Co 4,20). Las obras dan la medida de la autenticidad de la vida del cristiano, poniendo en evidencia si su fe y su caridad son verdaderas: «Así como del movimiento del cuerpo conocemos su vida, así también conocemos la vida de la fe por las buenas obras. Porque la vida del cuerpo es el alma, por la cual se mueve y siente, y la vida de la fe la caridad (...). Por lo que, resfriándose la caridad, muere la fe, así como muere el cuerpo apartándose de él el alma» (S. Bernardo, Serm. 2 Pasc. 1). La doctrina cristiana llama también «fe muerta» (cfr v. 17) a la de quien está en pecado mortal. «El don de la fe permanece en el que no ha pecado contra ella (...). Privada de la esperanza y de la caridad, la fe no une plenamente el fiel a Cristo ni hace de él un miembro vivo de su Cuerpo» (CCE 1815).
2,20-26Santiago recurre a Gn 15,6, pasaje también utilizado por Pablo para mostrar la fe de Abrahán, y al episodio de Rahab (Jos 2,1-21; 6,17-25). La justificación de la que aquí se habla se refiere a la perfección moral que supone la fe y que se alcanza, una vez conferida la gracia, con el ejercicio de las virtudes. En Pablo (Rm 4,1-25; Ga 3,6-9) indica la unión con Dios mediante la gracia, pero que también actúa por la caridad (cfr Ga 5,6).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
