Santiago

Capítulo 3

III. APLICACIONES CONCRETAS (3,1-5,6)

Dominio de la lengua (3,1-12)

1Hermanos míos, no pretendáis muchos ser maestros, sabiendo que tendremos un juicio más severo;

2porque todos caemos con frecuencia. Si alguno no peca de palabra, ése es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo su cuerpo.

3Si ponemos frenos en la boca a los caballos para que nos obedezcan, dirigimos todo su cuerpo.

4Mirad también las naves: aunque sean tan grandes y las empujen vientos fuertes, un pequeño timón las dirige adonde quiere la voluntad del piloto.

5Del mismo modo, la lengua es un miembro pequeño, pero va presumiendo de grandes cosas. ¡Mirad qué poco fuego basta para quemar un gran bosque!

6Así también la lengua es un fuego, un mundo de iniquidad; es ella, de entre nuestros miembros, la que contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, inflama el curso de nuestra vida desde el nacimiento.

7Todo género de fieras, aves, reptiles y animales marinos puede domarse y de hecho ha sido domado por el nombre;

8sin embargo, ningún hombre es capaz de domar su lengua. Es un mal siempre inquieto y está llena de veneno mortífero.

9Con ella bendecimos a quien es Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a semejanza de Dios.

10De la misma boca salen la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así.

11¿Acaso mana de una fuente agua dulce y amarga por el mismo caño?

12¿O puede, hermanos míos, la higuera producir aceitunas o la vid higos? Tampoco una fuente salada puede dar agua dulce.

La verdadera sabiduría y la falsa (3,13-18)

13¿Hay alguno entre vosotros sabio y docto? Pues que muestre por su buena conducta que hace sus obras con la mansedumbre propia de la sabiduría.

14Pero si tenéis en vuestro corazón celo amargo y rencillas, no os jactéis ni falseéis la verdad.

15Una sabiduría así no desciende de lo alto, sino que es terrena, meramente natural, diabólica.

16Porque donde hay celos y rencillas, allí hay desorden y toda clase de malas obras.

17En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, y además pacífica, indulgente, dócil, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía.

18Los que promueven la paz siembran con la paz el fruto de la justicia.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,1-5,20Más que una carta dirigida a destinatarios conocidos, este escrito sagrado parece un tratado u homilía de carácter sapiencial. Las recomendaciones se suceden sin seguir un orden. Comienza con instrucciones sobre la paciencia en las pruebas y el respeto a la dignidad de los pobres (1,2-2,13). Después muestra la necesidad de las obras que han de acompañar a la fe (2,14-26); y pasa de nuevo a dar recomendaciones concretas (3,1-5,20), entre las que sobresalen las amonestaciones a los ricos (5,1-6) y el valor de la oración y unción sobre los enfermos (5,13-18).

3,1-5,6Se entrelazan aplicaciones específicas que lleva consigo el comportamiento coherente con la fe.

3,1-12Los pecados de la lengua son fáciles de cometer, pero pueden causar un tremendo daño. Con ejemplos Santiago muestra cómo una causa pequeña es capaz de producir unos resultados desproporcionadamente grandes. Por eso hay que hablar siempre en presencia de Dios buscando el bien del prójimo: «Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve» (S. Ignacio de Loyola, Ej. esp. 22).

3,13-18Frente a la falsa sabiduría del mundo, la verdadera sabiduría (cfr 1 Co 1,18-3,3) produce frutos de mansedumbre, misericordia y paz (cfr Mt 5,5.7.9).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Santiago 3 — Parroquia Jesús Obrero