Capítulo 4
Origen de las discordias (4,1-12)
1¿De dónde proceden las guerras y las peleas entre vosotros? ¿Acaso no provienen de vuestras pasiones, que luchan en vuestros miembros?
2Codiciáis, y no tenéis; matáis y tenéis envidia, y no podéis conseguir nada; lucháis y os hacéis la guerra. No tenéis porque no pedís.
3Pedís y no obtenéis, porque pedís mal, para derrochar en vuestros placeres.
4¡Almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, el que desee ser amigo de este mundo, se hace enemigo de Dios.
5¿O pensáis que la Escritura dice en vano: «Celosamente nos ama el Espíritu que habita en nosotros»?
6Pero mayor es la gracia que da; por eso dice: Dios resiste a los soberbios, y a los humildes da la graci a.
7Por eso, estad sujetos a Dios. Resistid al diablo, y él huirá de vosotros.
8Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, hombres vacilantes.
9Reconoced vuestra miseria, afligíos y llorad. Que vuestra risa se convierta en llanto, y vuestra alegría en tristeza.
10Humillaos en presencia del Señor, y El os ensalzará.
11No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o lo juzga, habla mal de la Ley y la juzga. Y si juzgas la Ley, ya no eres cumplidor de la Ley, sino juez.
12Uno solo es legislador y juez, el que puede salvar y perder. Pero tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo?
La confianza en la Providencia divina (4,13-17)
13Atended ahora los que decís: «Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí un año, negociaremos y obtendremos buenas ganancias»,
14cuando en realidad no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana, porque sois un vaho que aparece un instante y enseguida se evapora.
15En lugar de esto deberíais decir: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello».
16Vosotros, en cambio, os gloriáis de vuestras arrogancias. Toda jactancia de este tipo es mala.
17Por tanto, el que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado.
Notas de la Facultad de Teología (4)
1,1-5,20Más que una carta dirigida a destinatarios conocidos, este escrito sagrado parece un tratado u homilía de carácter sapiencial. Las recomendaciones se suceden sin seguir un orden. Comienza con instrucciones sobre la paciencia en las pruebas y el respeto a la dignidad de los pobres (1,2-2,13). Después muestra la necesidad de las obras que han de acompañar a la fe (2,14-26); y pasa de nuevo a dar recomendaciones concretas (3,1-5,20), entre las que sobresalen las amonestaciones a los ricos (5,1-6) y el valor de la oración y unción sobre los enfermos (5,13-18).
3,1-5,6Se entrelazan aplicaciones específicas que lleva consigo el comportamiento coherente con la fe.
4,1-12Se enumeran las causas principales de la desunión entre los fieles: codicia y envidia (vv. 1-3); amor desordenado a las cosas del mundo, orgullo y soberbia (vv. 4-10); y, como resultado, la murmuración y la maledicencia (vv. 11-12). La cita del v. 5 no aparece literalmente en la Biblia. Es posible que Santiago no se refiera a un pasaje concreto sino a la idea de Dios como amante celoso, repetida con frecuencia (p. ej. Ex 20,5; 34,14; Za 1,14; 8,2, etc.). La del v. 6 corresponde a Pr 3,34. La idea de fondo es que «reconocer el propio pecado, es más (...) reconocerse pecador, capaz de pecado e inclinado al pecado, es el principio indispensable para volver a Dios» Juan Pablo II, Reconc. et paen. 13).
4,13-17La expresión del v. 15 «si el Señor quiere», utilizada también por San Pablo (cfr 1 Co 4,19), ha pasado al lenguaje popular cristiano. Es muestra de abandono y confianza en Dios, y de sometimiento a la Providencia divina.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
