Capítulo 3
Prevenir los peligros del error (3,1-13)
1Ten en cuenta esto: en los últimos días se presentarán tiempos difíciles.
2Pues los hombres serán egoístas, codiciosos, arrogantes, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,
3crueles, implacables, calumniadores, desenfrenados, inhumanos, enemigos del bien,
4traidores, temerarios, envanecidos, más amantes del placer que de Dios,
5guardarán ciertos formalismos de la piedad pero habrán renegado de su verdadera esencia. Apártate también de éstos.
6Algunos de ellos se meten en las casas y cautivan a mujerzuelas cargadas de pecados y arrastradas por todo tipo de pasiones;
7siempre están curioseando y nunca son capaces de llegar a conocer la verdad.
8Lo mismo que Yannes y Yambrés se opusieron a Moisés, también éstos se oponen a la verdad; son hombres de mente pervertida, incapacitados para creer.
9Pero no llegarán lejos, porque su necedad quedará a la vista de todos, como sucedió con la de aquéllos.
10Tú, en cambio, me has seguido en la doctrina, en la conducta, en los planes, en la fe, en la paciencia, en la caridad y en la constancia;
11en persecuciones y sufrimientos como los que me sobrevinieron en Antioquía, Iconio y Listra: ¡qué persecuciones sufrí!, y de todas me libro el Señor.
12Por lo demás, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos;
13mientras que los hombres malos y embaucadores irán de mal en peor, engañando a otros y engañándose a sí mismos.
Fidelidad a la Sagrada Escritura (3,14-17)
14Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y creído, ya que sabes de quiénes lo aprendiste,
15y porque desde niño conoces la Sagrada Escritura, que puede darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
16Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la justicia,
17con el fin de que el hombre de Dios esté bien dispuesto, preparado para toda obra buena.
Notas de la Facultad de Teología (4)
1,1-4,22La atención de esta carta, muy parecida a la anterior, se centra en el Evangelio, considerado como motivo por el que vale la pena sufrir cualquier penalidad (1,6-2,13), y como doctrina saludable, que se ha de conservar, defender y propagar (2,14-4,8). A lo largo de la carta abundan las noticias personales del Apóstol, que culminan en las recomendaciones a Timoteo (4,9-22).
2,14-4,8Frente a la sana doctrina, están las discusiones vanas y las conductas desordenadas. De ellas previene esta segunda sección de la epístola.
3,1-13Los «últimos días» (v. 1) son los que han comenzado con la Encarnación de Cristo. Entre los hombres cargados de vicios (vv. 2-5), resultan especialmente peligrosos los que se dedican a sembrar en todas partes doctrinas contrarias a la fe y peligrosas para la moral. Yannes y Yambrés (pueden significar «el que niega» y «el que yerra» posible del Targum del Pseudo-Jonatás también citado en 1 Cor 10,4 (la roca que los seguía...)) (v. 8) eran, según tradiciones judías, los nombres de los magos egipcios que fueron llamados por el Faraón para que imitaran con sus artes mágicas los prodigios que Moisés y Aarón realizaban en su presencia (cfr Ex 7,11). Los retazos autobiográficos de Pablo (vv. 10-13), bien conocidos de Timoteo, que era natural de Listra, sirven para animarle. «A un gran atleta corresponde vencer a pesar de los golpes. Sopórtalo todo por Dios, para que también Él nos soporte» (S. Ignacio de Antioquía, Ad Polyc. 3,1).
3,14-17Se afirma que todos los libros de la Sagrada Escritura están inspirados por Dios. Por esa razón gozan de una peculiar autoridad en la Iglesia, porque la «revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. (...) Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra» (C. Vat. II, Dei Verb. 11). Por eso la Iglesia y los santos han recomendado siempre su lectura: «Lee muy a menudo las divinas Escrituras, o, por decir mejor, que nunca la lectura sagrada se te caiga de las manos» (S. Jerónimo, Epist. 52,7).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
