Efesios

Capítulo 1

Saludo (1,1-2)

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso:

2la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo estén con vosotros.

PRIMERA PARTE

LA MANIFESTACIÓN DEL MISTERIO DE DIOS (§ 1,3-3,21)

I. EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN (1,3-2,22)

Canto de bendición (1,3-14)

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos,

4ya que en él nos eligió antes de la creación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor;

5nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad,

6para alabanza y gloria de su gracia, con la cual nos hizo gratos en el Amado,

7en quien, mediante su sangre, tenemos la redención, el perdón de los pecados, según las riquezas de su gracia,

8que derramó sobre nosotros sobreabundantemente con toda sabiduría y prudencia.

9Nos dio a conocer el misterio de su voluntad, según el benévolo designio que se había propuesto realizar mediante él

10y llevarlo a cabo en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra. En él,

11por quien también fuimos constituidos herederos, predestinados según el designio de quien realiza todo con arreglo al consejo de su voluntad,

12para que nosotros, los que antes habíamos esperado en el Mesías, sirvamos para alabanza de su gloria.

13Por él también vosotros, una vez oída la palabra de la verdad –el Evangelio de nuestra salvación–, al haber creído, fuisteis sellados con el Espíritu Santo prometido,

14que es prenda de nuestra herencia, para redención de los que ha hecho suyos, para alabanza de su gloria.

Acción de gracias y proclamación de la supremacía de Cristo (1,15-23)

15Por eso, también yo, al tener noticias de vuestra fe en el Señor Jesús y de la caridad con todos los santos,

16no ceso de dar gracias por vosotros, al recordaros en mis oraciones,

17para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda el Espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle;

18iluminando los ojos de vuestro corazón, para que sepáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuáles las riquezas de gloria dejadas en su herencia a los santos,

19y cuál es la suprema grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa.

20Él la ha puesto por obra en Cristo resucitándole de entre los muertos y sentándole a su derecha en los cielos,

21por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación y de todo cuanto existe, no sólo en este mundo sino también en el venidero.

22Todo lo sometió bajo sus pies y a él lo constituyó cabeza de todas las cosas en favor de la Iglesia,

23que es su cuerpo, la plenitud de quien llena todo en todas las cosas.

Notas de la Facultad de Teología (5)

1,1-2El comienzo de esta carta es muy similar al de las anteriores: un saludo, y un himno de acción de gracias (cfr Rm 1,1ss.; 1 Co 1,1ss.). Puesto que las palabras «en Éfeso» faltan en muchos manuscritos antiguos, es posible que ésta fuera una carta circular a las iglesias de la zona de Éfeso. En la carta no hay alusiones a circunstancias concretas de una comunidad cristiana.

1,3-3,21La Iglesia es el tema central del escrito. Ella es la manifestación del misterio salvífico de Dios, realizado en Jesucristo, en favor de judíos y gentiles (1,1-2,22). El ministerio de San Pablo es servir a la realización del proyecto salvador, mediante la predicación (3,1-13) y la oración (3,14-21). Estos capítulos, forman la primera parte o sección doctrinal de la carta.

1,3-2,22Pablo expone el plan divino de salvación contemplándolo en el misterio de la eternidad de Dios y su manifestación histórica a través de Cristo y de la Iglesia. La Iglesia ha sido «prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del espíritu y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los siglos» (C. Vat. II, Lum. gent. 2).

1,3-14Se incluye en primer lugar un himno de alabanza (vv. 3-10) en el que son presentados los beneficios, o bendiciones, que contiene el designio salvífico de Dios, llamado por San Pablo «el misterio». Abarca desde la elección eterna de cada criatura humana por parte de Dios hasta la recapitulación de todas las cosas en Jesucristo, pasando por la obra de la Redención. A continuación se expone cómo ese plan divino de salvación se ha realizado sobre los judíos (vv. 11-12) y sobre los gentiles (vv. 13-14).

1,15-23Los fieles a los que dirige la carta, con su fe y su caridad, son para el Apóstol señal cierta de cuanto viene diciendo. Por eso da gracias a Dios y pide para ellos mayor profundización en el misterio de Cristo. Les presenta a Jesucristo como superior a cualquier poder celeste o terrestre y como Cabeza de la Iglesia. Mediante la Iglesia, Cristo se hace presente, llena todo el universo y derrama sobre él los frutos de su obra redentora. «Es necesario que nos acostumbremos a ver en la Iglesia al mismo Cristo. Porque Cristo es quien vive en su Iglesia, quien por medio de ella enseña, gobierna y confiere la santidad» (Pío XII, Myst. Corp. 43).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

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