Gálatas

Capítulo 5

LIBERTAD Y CARIDAD CRISTIANAS (§ 5,1-6,18)

III. EXHORTACIONES MORALES (5,1-6,10)

La libertad cristiana (5,1-12)

1Para esta libertad Cristo nos ha liberado. Manteneos, por eso, firmes, y no os dejéis sujetar de nuevo bajo el yugo de la servidumbre.

2Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.

3Y lo vuelvo a atestiguar a todo hombre que se circuncida: queda obligado a cumplir toda la Ley.

4Os habéis separado de Cristo los que buscáis la justicia en la Ley; os habéis apartado de la gracia.

5Pues nosotros, por el espíritu, anhelamos a partir de la fe el fruto de la justicia.

6Porque en Cristo Jesús no tienen valor ni la circuncisión ni la falta de circuncisión, sino la fe que actúa por la caridad.

7Estabais corriendo bien. ¿Quién os ha impedido obedecer a la verdad?

8Esa persuasión no procede del que os llamó.

9Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.

10Yo confío en vosotros en el Señor que no tendréis otro sentir. El que os desconcierta, sea quien sea, recibirá el castigo merecido.

11En cuanto a mí, hermanos, si predico aún la circuncisión, ¿por qué me persiguen todavía? Entonces habría desaparecido el escándalo de la cruz.

12¡Ojalá se mutilaran los que os inquietan!

Los frutos del Espíritu y las obras de la carne (5,13-26)

13Porque vosotros, hermanos, fuisteis llamados a la libertad. Pero que esta libertad no sea pretexto para la carne, sino servíos unos a otros por amor.

14Pues toda la Ley se resume en este único precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mism o.

15Y si os mordéis y os devoráis unos a otros, mirad que acabaréis por destruiros.

16Y os digo: caminad en el Espíritu y no deis satisfacción a la concupiscencia de la carne.

17Porque la carne tiene deseos contrarios al espíritu, y el espíritu tiene deseos contrarios a la carne, porque ambos se oponen entre sí, de modo que no podéis hacer lo que os gustaría.

18Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley.

19Ahora bien, están claras cuáles son las obras de la carne: la fornicación, la impureza, la lujuria,

20la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones,

21las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes. Sobre ellas os prevengo, como ya os he dicho, que los que hacen esas cosas no heredarán el Reino de Dios.

22En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe,

23la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley.

24Los que son de Jesucristo han crucificado su carne con sus pasiones y concupiscencias.

25Si vivimos por el Espíritu, caminemos también según el Espíritu.

26No seamos ambiciosos de vanagloria, provocándonos unos a otros, envidiándonos recíprocamente.

Notas de la Facultad de Teología (4)

5,1-6,18San Pablo muestra las consecuencias existenciales de la salvación realizada por Cristo en el cristiano. Sólo desde la libertad podemos actuar en caridad, y la caridad, a su vez, orienta y desarrolla auténticamente la libertad (5,1-6,10). Concluye la carta dejando un testimonio de cómo vive él esa libertad (6,11-18).

5,1-6,10La parte moral de la carta comienza recordando que la ley de Cristo es ley de libertad, opuesta a la ley de la circuncisión (5,1-12). Como consecuencia, las obras que pide la Nueva Ley, las obras del Espíritu, se oponen a las obras que produce la carne y el pecado (5,13-26). El precepto fundamental de la ley de Cristo es la caridad (6,1-10).

5,1-12La libertad del cristiano es fruto de la obra redentora de Cristo, cuyo efecto nos llega por la fe en Él. A partir de ahí el cristiano anhela la justicia, la santidad, movido por el espíritu de Jesucristo. Nada importa ya su condición anterior, es decir, su procedencia del judaísmo o de la gentilidad. Lo importante es la fe que obra por la caridad (v. 6): «Cuando se pregunta si algún hombre es bueno no se averigua qué cree o espera, sino qué es lo que ama. Porque quien ama rectamente sin duda alguna también rectamente cree y espera; pero el que no ama, en vano cree, aunque sea verdad lo que cree (...). Por tanto, esta es la fe de Cristo, que encarece el Apóstol, la que «actúa por la caridad»» (S. Agustín, Enchir. 117).

5,13-26La libertad cristiana no significa que todo esté permitido, sino que el hombre es capaz de caminar hacia Dios, su verdadero y último fin. Se es libre cuando se es conducido por el Espíritu de Dios. Éste da fuerza al espíritu humano para superar las inclinaciones de la carne denunciadas por la Ley, y para producir, en cambio, aquellos frutos que están por encima de la Ley (v. 22). «Los frutos enumerados por el Apóstol son aquellos que el Espíritu Santo causa y comunica a los hombres justos, aun durante esta vida, y están llenos de toda dulzura y gozo, pues son propios del Espíritu Santo, que «en la Trinidad es el amor del Padre y del Hijo y que llena de infinita dulzura a todas las criaturas» (S. Agustín, De Trinitate 5,9)» (León XIII, Div. ill. mun. 12).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Gálatas 5 — Parroquia Jesús Obrero