Hebreos

Capítulo 9

Descripción de los antiguos ritos, figura de los nuevos (9,1-10)

1También la primera alianza tenía normas para el culto y un santuario terrenal,

2porque se había construido un Tabernáculo con una primera estancia llamada «El Santo», donde se encontraban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.

3Detrás del segundo velo estaba la segunda estancia, llamada «El Santo de los Santos»,

4que contenía el altar de oro para el incienso y el arca de la alianza totalmente recubierta de oro, en la que estaban la urna de oro con el maná, la vara de Aarón que había retoñado y las tablas de la alianza.

5Y encima del arca, los querubines de la gloria cubrían con su sombra el propiciatorio. Pero no hace falta hablar detalladamente de todo esto.

6Dispuestas las cosas de este modo, los sacerdotes que ofician el culto entran siempre en la primera estancia.

7Pero en la segunda entra sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin antes derramar sangre, que ofrece por él mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.

8El Espíritu Santo manifestaba de ese modo que, mientras permanece el primer Tabernáculo, todavía no está abierto el camino hacia el Santuario.

9Todo ello es una alegoría del tiempo presente, según la cual se ofrecen sacrificios y víctimas que no pueden perfeccionar al oferente en su conciencia,

10y que consisten sólo en alimentos, bebidas y diferentes abluciones; prescripciones corporales, que han sido impuestas hasta el momento de la restauración.

Cristo selló con su sangre para siempre la Nueva Alianza (9,11-28)

11Pero Cristo, al presentarse como Sumo Sacerdote de los bienes futuros a través de un Tabernáculo más excelente y perfecto –no hecho por mano de hombre, es decir, no de este mundo creado–

12y a través de su propia sangre –no de la sangre de machos cabríos y becerros–, entró de una vez para siempre en el Santuario y consiguió así una redención eterna.

13Porque si la sangre de machos cabríos y toros y la aspersión de la ceniza de una vaca pueden santificar a los impuros para la purificación de la carne,

14¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada a Dios, limpiará de las obras muertas nuestra conciencia para dar culto al Dios vivo!

15Y por esto es mediador de una nueva alianza, de modo que, al haber muerto para redimir las transgresiones cometidas bajo la primera alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida.

16Porque donde hay testamento, hace falta que conste la muerte del testador,

17porque un testamento es válido en caso de muerte, y no puede serlo de ninguna manera mientras el testador vive.

18Por eso, ni siquiera la primera alianza se inauguró sin derramar sangre.

19Pues Moisés, después de haber leído todos los mandamientos según la Ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata y una planta de hisopo, y roció el libro de la Ley y a todo el pueblo

20diciendo: Ésta es la sangre de la alianza que Dios ha dispuesto para vosotro s.

21Y del mismo modo roció con sangre el Tabernáculo y todos los objetos del culto.

22Y según la Ley, casi todo se purifica con la sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión.

23Es necesario, por lo tanto, que las figuras de las realidades celestiales se purifiquen con esas cosas, aunque las realidades celestiales exigen víctimas muy superiores.

24Porque Cristo no entró en un santuario hecho por mano de hombre –representación del verdadero–, sino en el mismo cielo, para interceder ahora ante Dios en favor nuestro.

25No para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como el sumo sacerdote que entra en el santuario todos los años con sangre ajena:

26porque entonces hubiera debido padecer muchas veces desde la creación del mundo, y, en cambio, se ha manifestado ahora de una vez para siempre, en la plenitud de los tiempos, para destruir el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.

27Y así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y que después haya un juicio,

28así también Cristo, que se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos, por segunda vez, sin relación ya con el pecado, se manifestará a los que le esperan para llevarlos a la salvación.

Notas de la Facultad de Teología (4)

1,5-10,18Aunque la enseñanza doctrinal y moral se entremezcla a lo largo del escrito, los primeros diez capítulos tienen sobre todo carácter doctrinal. El autor sagrado trata de la superioridad de Cristo sobre los personajes más importantes del Antiguo Testamento –los ángeles (1,5-2,18), Moisés (3,1-4,13), los sacerdotes del orden levítico (4,14-7,28)– y sobre el culto de la Antigua Ley (8,1-10,18).

8,1-10,18Se prueba ahora la superioridad del sacerdocio de Cristo desde el punto de vista del sacrificio, que es la función esencial y específica del sacerdote. En Cristo encuentra su perfección y su acabamiento toda la Antigua Alianza que rendía culto a Dios por medio de sacrificios y ofrendas; a partir de Cristo empieza la Nueva Alianza, que tiene un nuevo Sacrificio y un nuevo Templo.

9,1-10Para hablar de la excelencia del sacrificio de Cristo, se describe el santuario de la Antigua Alianza, el Tabernáculo, la tienda donde habitaba el Señor, mientras el pueblo de Israel peregrinaba por el desierto tras la salida de Egipto y en los primeros tiempos de estancia en la tierra prometida. Y se alude también al sacrificio del gran Día de la Expiación o Yom kippur (cfr Lv 16,1-34; 23,26-32; Nm 29,7-11), día en que todo Israel se reconciliaba con su Dios mediante la purificación y el perdón de los pecados cometidos durante el año y que no habían sido expiados. Una vez que no existe el velo que impide su paso, el hombre puede lograr la unión con Dios, la santidad, que se simboliza por la entrada en el «Santo de los Santos». Cristo con su muerte rasgó el velo (cfr Mt 27,51). Él es el Camino (cfr Jn 14,6), la Puerta (cfr Jn 10,7) que permite la entrada en el Santuario Celestial.

9,11-28Los términos «alianza» y «testamento» de los vv. 15-17 traducen la misma palabra griega diatheké. Esta palabra, que literalmente significa «disposición», era la que utilizaron las traducciones al griego del Antiguo Testamento para designar la Alianza en el Sinaí. El autor de la carta utiliza estos dos sentidos –pacto y disposición final (testamento)– para enseñar que la muerte de Cristo en la cruz era un verdadero sacrificio de Alianza, como lo fue el del Sinaí (vv. 18-22; cfr Ex 24,3-8). Enseña también que la muerte de Cristo es la última disposición de Dios: otorgar a los hombres la herencia del cielo (vv. 23-28). «¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. (...) El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada» (S. Juan Crisóstomo, Catech. ad illum. 3,16). Los vv. 27-28 contemplan también tres verdades fundamentales de la fe cristiana acerca de los novísimos: 1) el decreto inmutable de la muerte; 2) la existencia de un juicio que sigue inmediatamente a ella, y 3) la segunda venida gloriosa de Cristo. «La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino» (CCE 1013). La expresión «sin relación ya con el pecado» (v. 28) quiere decir que ya no tendrá que reparar el pecado ni sufrir por él como víctima.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

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