Juan

Capítulo 13

MUERTE Y RESURRECCIÓN (§13,1-21,25)

IX. LA ÚLTIMA CENA (13,1-17,26)

Jesús lava los pies a sus discípulos (13,1-20)

1La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

2Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara,

3como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,

4se levantó de la cena, se quitó la túnica, tomó una toalla y se la puso a la cintura.

5Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto a la cintura.

6Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies?

7—Lo que yo hago no lo entiendes ahora –respondió Jesús–. Lo comprenderás después.

8Le dijo Pedro: —No me lavarás los pies jamás. —Si no te lavo, no tendrás parte conmigo –le respondió Jesús.

9Simón Pedro le replicó: —Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

10Jesús le dijo: —El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos

11–como sabía quién le iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

12Después de lavarles los pies se puso la túnica, se recostó a la mesa de nuevo y les dijo: —¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?

13Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y tenéis razón, porque lo soy.

14Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.

15Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros.

16En verdad, en verdad os digo: no es el siervo más que su señor, ni el enviado más que quien le envió.

17Si comprendéis esto y lo hacéis, seréis bienaventurados.

18No lo digo por todos vosotros: yo sé a quienes elegí; sino para que se cumpla la Escritura: El que come mi pan levantó contra mí su taló n.

19Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis que yo soy.

20En verdad, en verdad os digo: quien recibe al que yo envíe, a mí me recibe; y quien a mí me recibe, recibe al que me ha enviado. (Mt 26,20-25; Mc 14,17-21; Lc 22,21-23)

Anuncio de la traición de Judas (13,21-32)

21Cuando dijo esto Jesús se conmovió en su espíritu, y declaró: —En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros, me va a entregar.

22Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a quién se refería.

23Estaba recostado en el pecho de Jesús uno de los discípulos, el que Jesús amaba.

24Simón Pedro le hizo señas y le dijo: —Pregúntale quién es ése del que habla.

25Él, que estaba recostado sobre el pecho de Jesús, le dice: —Señor, ¿quién es?

26Jesús le responde: —Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. Y después de mojar el bocado, se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.

27Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo: —Lo que vas a hacer, hazlo pronto.

28Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió con qué fin le dijo esto,

29pues algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: «Compra lo que necesitamos para la fiesta», o «da algo a los pobres».

30Aquél, después de tomar el bocado, salió enseguida. Era de noche.

31Cuando salió, dijo Jesús: —Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él.

32Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo; y pronto le glorificará. El mandamiento nuevo (Mt 26,30-35; Mc 14,26-31; Lc 22,31-34)

Predicción del abandono de sus discípulos (13,33-38)

33»Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como les dije a los judíos: «Adonde yo voy, vosotros no podéis venir», lo mismo os digo ahora a vosotros.

34Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros.

35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.

36Le dijo Simón Pedro: —Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: —Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde.

37Pedro le dijo: —Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.

38Respondió Jesús: —¿Tú darás la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces.

Notas de la Facultad de Teología (5)

13,1-21,25Se pueden distinguir tres secciones en razón del tema que trata cada una: Última Cena y discursos de adiós; pasión y muerte; y resurrección del Señor. En las tres volvemos a encontrar la manifestación y revelación de Cristo, y las distintas reacciones de fe o de incredulidad ante Él. Esta segunda parte del evangelio suele denominarse «libro de la Gloria».

13,1-17,26Estos capítulos ofrecen la revelación de Jesús a sus discípulos en la intimidad de la última Cena. Juan relata algunos hechos que no aparecen en los otros evangelios –como el lavatorio de los pies– y omite la institución de la Eucaristía, narrada por los sinópticos y San Pablo, y de la que este mismo evangelio ha hablado en el cap. 6. Hasta aquí la «vida» y la «luz» tenían especial relevancia, desde ahora, la palabra clave es el «amor». De 13,33 a 17,26 Juan transmite lo que suele llamarse el discurso de la Cena o el discurso de adiós de Jesús. En él pueden distinguirse tres partes: 1) sobre la partida y retorno de Cristo (13,33-38 y cap. 14); 2) sobre Cristo y su Iglesia (caps. 15-16); 3) la oración sacerdotal de Cristo (cap. 17). Los temas de fondo son: a) el amor, que tiene su raíz en el amor de Cristo y se convierte en el mandamiento del Señor; b) el consuelo que Jesús da a los discípulos ante su inminente partida, con la promesa de su vuelta y del envío del Espíritu Santo; c) la unión de Cristo con los suyos, a semejanza de la vid y los sarmientos, fundada en el amor y en el cumplimiento de sus mandatos.

13,1-20El capítulo comienza señalando la importancia del momento. La Pascua, que conmemoraba la liberación de la esclavitud del pueblo hebreo de las manos del Faraón, era figura de la obra que Jesucristo venía a realizar: redimir a los hombres de la esclavitud del pecado, mediante su sacrificio en la cruz. Lo que Cristo hizo por los suyos puede resumirse en la frase «los amó hasta el fin» (v. 1). Indica la intensidad del amor de Cristo que llega hasta dar su vida. En el lavatorio de los pies el Señor se humilla realizando una tarea propia de los esclavos de la casa. El pasaje recuerda el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses: «Cristo Jesús... siendo de condición divina... se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo ... » (Flp 2,6-7). Lavar los pies a sus discípulos tenía un profundo significado que San Pedro no podía entender entonces. Jesús, mediante aquel gesto, expresaba de modo sencillo y simbólico que no había «venido a ser servido, sino a servir», y que su servicio consistía en «dar su vida en redención de muchos» (Mc 10,45). Así da a entender a los Apóstoles, y en ellos a todos los que después formarán la Iglesia, que el servicio humilde a los demás hace al discípulo semejante al Maestro. «Si, por consiguiente, a la luz de esta actitud de Cristo se puede verdaderamente «reinar» sólo «sirviendo», a la vez, el «servir» exige tal madurez espiritual que es necesario definirla como el «reinar»» (Juan Pablo II, Redemp. hom. 21). Sobre el «yo soy» (v. 19) cfr nota a 8,21-59.

13,21-32En el anuncio de la traición de Judas resalta, por contraste, el amor de Jesús hacia el discípulo amado, modelo del amor de Jesucristo por todos sus verdaderos discípulos, y de éstos por el Maestro. La indicación «era de noche» (v. 30) alude a las tinieblas como imagen del pecado, del poder tenebroso que en aquel instante parecía imponerse (cfr Lc 22,53), en oposición a la Luz verdadera, Cristo, al que las tinieblas no recibieron (cfr 1,5). Llega el momento de la glorificación de Jesús. Ésta se refiere sobre todo a la gloria que Cristo recibirá a partir de su exaltación en la cruz. El evangelista subraya que la muerte de Cristo es el comienzo de su triunfo y, al mismo tiempo, glorificación del Padre. También el discípulo de Cristo encontrará su mayor motivo de gloria en la identificación con la actitud obediente del Maestro. San Pablo lo enseña claramente al decir: «Que yo nunca me gloríe más que en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6,14).

13,33-38Los preceptos del Señor se resumen en uno solo: el Mandamiento Nuevo del amor. El precepto de la caridad compendia toda la ley de la Iglesia y es signo distintivo del cristiano: «Todos pueden signarse con la señal de la cruz de Cristo; todos pueden responder amén; todos pueden cantar aleluya; todos pueden hacerse bautizar, entrar en las iglesias, construir los muros de las basílicas. Pero los hijos de Dios no se distinguen de los hijos del diablo sino por la caridad. Los que practican la caridad son nacidos de Dios; los que no la practican no son nacidos de Dios. ¡Señal importante, diferencia esencial! Ten lo que quieras, si te falta esto sólo, todo lo demás no sirve para nada; y si te falta todo y no tienes más que esto, ¡has cumplido la ley!. (S. Agustín, In Epist. loann. ad Parth. 5,7). Sin embargo las palabras «como yo os he amado» dan al precepto un sentido y un contenido nuevos: la medida del amor cristiano no está en el corazón del hombre, sino en el corazón de Cristo (cfr Mt 5,43-48). El anuncio de las negaciones de Pedro prepara el diálogo final del evangelio, donde Jesús pregunta a Pedro si le ama (21,15-19). La fidelidad a Cristo depende del amor: «¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El amor –Enamórate y no «le» dejarás» (S. Josemaría Escrivá, Camino 999).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Juan 13 — Parroquia Jesús Obrero