Capítulo 15
La vid y los sarmientos (15,1-8)
1»Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador.
2Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto.
3Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.
5Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.
6Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden.
7Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá.
8En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos.
La ley del amor (15,9-17)
9»Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor.
10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea completa.
12Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
13Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos.
14Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando.
15Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he hecho conocer.
16No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca, para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.
17Esto os mando: que os améis los unos a los otros.
El odio del mundo a los discípulos (15,18-25)
18»Si el mundo os odia, sabed que antes que a vosotros me ha odiado a mí.
19Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia.
20Acordaos de las palabras que os he dicho: no es el siervo más que su señor. Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi doctrina, también guardarán la vuestra.
21Pero os harán todas estas cosas a causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.
22Si no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado. Pero ahora no tienen excusa de su pecado.
23»El que me odia a mí, también odia a mi Padre.
24Si no hubiera hecho ante ellos las obras que ningún otro hizo, no tendrían pecado; sin embargo, ahora las han visto y me han odiado a mí, y también a mi Padre.
25Pero tenía que cumplirse la palabra que estaba escrita en su Ley: Me odiaron sin motiv o.
26»Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí.
27También vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Notas de la Facultad de Teología (5)
13,1-21,25Se pueden distinguir tres secciones en razón del tema que trata cada una: Última Cena y discursos de adiós; pasión y muerte; y resurrección del Señor. En las tres volvemos a encontrar la manifestación y revelación de Cristo, y las distintas reacciones de fe o de incredulidad ante Él. Esta segunda parte del evangelio suele denominarse «libro de la Gloria».
13,1-17,26Estos capítulos ofrecen la revelación de Jesús a sus discípulos en la intimidad de la última Cena. Juan relata algunos hechos que no aparecen en los otros evangelios –como el lavatorio de los pies– y omite la institución de la Eucaristía, narrada por los sinópticos y San Pablo, y de la que este mismo evangelio ha hablado en el cap. 6. Hasta aquí la «vida» y la «luz» tenían especial relevancia, desde ahora, la palabra clave es el «amor». De 13,33 a 17,26 Juan transmite lo que suele llamarse el discurso de la Cena o el discurso de adiós de Jesús. En él pueden distinguirse tres partes: 1) sobre la partida y retorno de Cristo (13,33-38 y cap. 14); 2) sobre Cristo y su Iglesia (caps. 15-16); 3) la oración sacerdotal de Cristo (cap. 17). Los temas de fondo son: a) el amor, que tiene su raíz en el amor de Cristo y se convierte en el mandamiento del Señor; b) el consuelo que Jesús da a los discípulos ante su inminente partida, con la promesa de su vuelta y del envío del Espíritu Santo; c) la unión de Cristo con los suyos, a semejanza de la vid y los sarmientos, fundada en el amor y en el cumplimiento de sus mandatos.
15,1-8La imagen de la vid era empleada ya en el Antiguo Testamento para significar al pueblo de Israel (Sal 80,9 ss.; Is 5,1-7; cfr Mt 21,33-43). Ahora, al hablar de los sarmientos, esa imagen expresa cómo Jesús y quienes están unidos a Él forman el nuevo Israel de Dios, la Iglesia, cuya cabeza es Cristo. Hace falta estar unidos a la nueva y verdadera Vid, a Cristo, para producir fruto. No se trata ya tan sólo de pertenecer a una comunidad sino de vivir la vida de Cristo, vida de la gracia, que es la savia vivificante que anima al creyente y le capacita para dar frutos de vida eterna. La imagen de la vid, por otra parte, ayuda a comprender la unidad de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, en el que todos los miembros están íntimamente unidos con la Cabeza, y en ella, unidos también los unos con los otros (cfr 1 Co 12,12-27; Rm 12,4-5; Ef 4,15-16).
15,9-17El auténtico amor a Jesucristo lleva consigo el esfuerzo por guardar los mandamientos divinos, y, ante todo, el mandato del amor fraterno a la medida de la cruz de Cristo. La exigencia de estos mandamientos no es ya el temor, sino el amor: es la respuesta a Dios que nos ha amado primero, y nos ha mostrado su amor en la cruz de Jesús.
15,18-25Ante el escándalo del aparente triunfo del pecado, Jesús enseña que entre Él y el mundo, en cuanto reino del pecado, no hay posibilidad de acuerdo: quien vive en pecado aborrece la luz (cfr 3,19-20). Por eso han perseguido a Cristo y perseguirán también a los Apóstoles. Los que niegan a Jesús no tendrían pecado si Él no se hubiera revelado con las obras, si la Luz no hubiera iluminado las tinieblas; pero ahora ya no tienen excusa; rechazando a Cristo rechazan la verdad de Dios (cfr Sal 35,19).
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
