Juan

Capítulo 6

IV. JESÚS ES EL PAN DE VIDA (6,1-71)

Multiplicación de los panes (6,1-15)

1Después de esto partió Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, el de Tiberíades.

2Le seguía una gran muchedumbre porque veían los signos que hacía con los enfermos.

3Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

4Pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos.

5Jesús, al levantar la mirada y ver que venía hacia él una gran muchedumbre, le dijo a Felipe: —¿Dónde vamos a comprar pan para que coman éstos?

6–lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer.

7Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan ni para que cada uno coma un poco.

8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

9—Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tantos?

10Jesús dijo: —Mandad a la gente que se siente –había en aquel lugar hierba abundante. Y se sentaron un total de unos cinco mil hombres.

11Jesús tomó los panes y, después de dar gracias, los repartió a los que estaban sentados, e igualmente les dio cuantos peces quisieron.

12Cuando quedaron saciados, les dijo a sus discípulos: —Recoged los trozos que han sobrado para que no se pierda nada.

13Y los recogieron, y llenaron doce cestos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

14Aquellos hombres, viendo el signo que Jesús había hecho, decían: —Éste es verdaderamente el Profeta que viene al mundo.

15Jesús, conociendo que estaban dispuestos a llevárselo para hacerle rey, se retiró otra vez al monte él solo. (Mt 14,22-33; Mc 6,45-52)

Jesús camina sobre las aguas (6,16-21)

16Cuando estaba atardeciendo, bajaron sus discípulos al mar,

17embarcaron y pusieron rumbo a la otra orilla, hacia Cafarnaún. Ya había oscurecido y Jesús aún no se había reunido con ellos.

18El mar estaba agitado a causa del fuerte viento que soplaba.

19Después de remar, unos veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba hacia la barca, y les entró miedo.

20Pero él les dijo: —Soy yo, no temáis.

21Entonces ellos quisieron que subiera a la barca; y al instante la barca llegó a tierra, al lugar adonde iban.

Las multitudes buscan a Jesús (6,22-25)

22Al día siguiente, la multitud que estaba al otro lado del mar vio que no había allí más que una sola barca, y que Jesús no había subido a ella con sus discípulos, sino que éstos se habían marchado solos.

23De Tiberíades otras barcas llegaron cerca del lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias al Señor.

24Cuando la multitud vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún buscando a Jesús.

25Y al encontrarle en la otra orilla del mar, le preguntaron: —Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?

Discurso del Pan de Vida (6,26-59)

26Jesús les respondió: —En verdad, en verdad os digo que vosotros me buscáis no por haber visto los signos, sino porque habéis comido los panes y os habéis saciado.

27Obrad no por el alimento que se consume sino por el que perdura hasta la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre, pues a éste lo confirmó Dios Padre con su sello.

28Ellos le preguntaron: —¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?

29Jesús les respondió: —Ésta es la obra de Dios: que creáis en quien Él ha enviado.

30Le dijeron: —¿Y qué signo haces tú, para que lo veamos y te creamos? ¿Qué obras realizas tú?

31Nuestros padres comieron en el desierto el maná, como está escrito: Les dio a comer pan del ciel o.

32Les respondió Jesús: —En verdad, en verdad os digo que Moisés no os dio el pan del cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33Porque el pan de Dios es el que ha bajado del cielo y da la vida al mundo.

34—Señor, danos siempre de este pan –le dijeron ellos.

35Jesús les respondió: —Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá nunca sed.

36Pero os lo he dicho: me habéis visto y no creéis.

37Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que viene a mí no lo echaré fuera,

38porque he bajado del cielo no para hacer, mi voluntad sino la voluntad de Aquel que me ha enviado.

39Ésta es la voluntad de Aquel que me ha enviado: que no pierda nada de lo que Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.

40Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.

41Los judíos, entonces, comenzaron a murmurar de él por haber dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo».

42Y decían: —¿No es éste Jesús, el hijo de José, de quien conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que ahora dice: «He bajado del cielo»?

43Respondió Jesús y les dijo: —No murmuréis entre vosotros.

44Nadie puede venir a mí si no le atrae el Padre que me ha enviado, y yo le resucitaré en el último día.

45Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dio s. Todo el que ha escuchado al que viene del Padre, y ha aprendido, viene a mí.

46No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que procede de Dios, ése ha visto al Padre.

47En verdad, en verdad os digo que el que cree tiene vida eterna.

48»Yo soy el pan de vida.

49Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron.

50Éste es el pan que baja del cielo, para que si alguien lo come no muera.

51Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

52Los judíos se pusieron a discutir entre ellos: —¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

53Jesús les dijo: —En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día.

55Porque mi carne es verdadera comida mi sangre es verdadera bebida.

56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

57Igual que el Padre que me envió vive y yo vivo por el Padre, así, aquel que me come vivirá por mí.

58Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.

59Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Cafarnaún.

Reacción de los discípulos (6,60-71)

60Al oír esto, muchos de sus discípulos dijeron: —Es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla?

61Jesús, conociendo en su interior que sus discípulos estaban murmurando de esto, les dijo: —¿Esto os escandaliza?

62Pues, ¿si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes?

63El espíritu es el que da vida, la carne no sirve de nada: las palabras que os he hablado son espíritu y son vida.

64Sin embargo, hay algunos de vosotros que no creen. En efecto, Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que le iba a entregar.

65Y añadía: —Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no se lo ha concedido el Padre.

66Desde ese momento muchos discípulos se echaron atrás y ya no andaban con él.

67Entonces Jesús les dijo a los doce: —¿También vosotros queréis marcharos?

68Le respondió Simón Pedro: —Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna;

69nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.

70Les respondió Jesús: —¿No os he elegido yo a los doce? Sin embargo, uno de vosotros es un diablo.

71Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, porque él, aun siendo uno de los doce, era el que le iba a entregar.

Notas de la Facultad de Teología (7)

1,19-12,50Juan presenta a Jesús que se manifiesta progresivamente mediante sus milagros –signos de su divinidad– y mediante sus palabras, en las que se declara Mesías, Hijo de Dios e igual al Padre. Todo esto se desarrolla en un crescendo dramático hasta llegar a la «hora» de Jesús, que culmina en su muerte y resurrección, objeto de la segunda parte del evangelio. Teniendo cuenta estos contenidos, la primera parte del Evangelio de Juan ha sido llamada con razón «el libro de los signos».

6,1-71Este capítulo constituye la cuarta sección del evangelio y tiene una estructura similar a la del anterior. Primero, dos signos o milagros: la multiplicación de los panes y de los peces, y el caminar de Jesús sobre las aguas; y, luego, un discurso: el de la sinagoga de Cafarnaún, en el que Jesucristo se manifiesta como el Pan de Vida. San Juan hace notar que esto ocurrió cuando «pronto iba a ser la Pascua, la fiesta de los judíos» (v. 4), insinuando así que el banquete Eucarístico había de ser en adelante la Nueva Pascua. Muchos de los seguidores de Jesús se escandalizan ante sus palabras, de modo que quienes no creen le abandonan (v. 66), y los que creen se adhieren más firmemente a Él (v. 69).

6,1-15En el Evangelio de Juan sólo se recogen siete milagros de Jesús. El autor sagrado elige aquellos que le van mejor a su propósito de mostrar algunas facetas del misterio de Cristo. El milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, unos días antes de la Pascua, prefigura la Pascua cristiana y el misterio de la Eucaristía y está puesto en relación directa con el discurso de Cafarnaún sobre el Pan de Vida (vv. 26-58), en el que Jesús promete darse Él mismo como alimento de nuestra alma. Tal relación queda subrayada por las palabras del v. 11 que son casi las mismas con las que los sinópticos y San Pablo narran el comienzo de la institución de la Eucaristía (cfr Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,14 y 1 Co 11,23-24). La reacción ante el milagro muestra que los que se beneficiaron de aquel prodigio reconocen a Jesús como el Profeta, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento (cfr Dt 18,15), pero piensan en un mesianismo terreno y nacionalista: quieren hacerle rey porque consideran que el Mesías ha de traerles abundancia de bienes terrenos y librarlos de la dominación romana. Jesús evita una proclamación popular ajena a su misión, pues, como explicará en el diálogo con Pilato, su Reino «no es de este mundo» (18,36).

6,16-21Este milagro, narrado también por Mateo y Marcos, refleja la fe todavía débil de los discípulos. «Aquel viento es figura de las tentaciones y de la persecución que padecerá la Iglesia por falta de amor. Porque, como dice San Agustín, cuando se enfría el amor, aumentan las olas y la nave zozobra. Sin embargo, el viento, la tempestad, las olas y las tinieblas no conseguirán que la nave se aparte de su rumbo y quede destrozada» (S. Tomás de Aquino, Sup. Ev. loann. in loc.). Jesús viene de nuevo a su encuentro y se les manifiesta con el mismo poder de Dios sobre los elementos de la naturaleza. Las palabras «Soy yo» (o «Yo soy»), evocan aquellas con las que Dios reveló su nombre a Moisés (cfr 8,28). Tras el milagro y el discurso del Pan de Vida, la fe de los discípulos quedará robustecida.

6,22-25Cafarnaún era el lugar desde el que Jesús desarrollaba su ministerio en Galilea. Las multitudes buscan a Jesús y le encuentran allí. Entonces en la sinagoga (v. 59), pronuncia el discurso del Pan de Vida (vv. 26-59), en el que se revela quién es, de dónde procede y qué bienes nos comunica: la fe, la Eucaristía, la vida eterna.

6,26-59El discurso se abre con una introducción a modo de diálogo entre Jesús y los judíos, donde el Señor revela cuáles son los bienes mesiánicos que Él trae (vv. 26-34). Los interlocutores creían que el maná –alimento que diariamente recogían los hebreos en su caminar por el desierto (cfr Ex 16,13ss.)– era símbolo de los bienes que traería el Mesías; por eso piden a Jesús que realice un portento semejante. Pero no podían ni siquiera sospechar que el maná era figura del gran don mesiánico que Dios iba a comunicar a los hombres: su propio Hijo presente en el misterio de la Sagrada Eucaristía. En el diálogo, Jesús intenta conducirles a un acto de fe en Él, para después revelarles abiertamente su presencia eucarística. En la primera parte del discurso (vv. 35-51), Jesús se presenta como el Pan de Vida. En sus palabras se contienen tres misterios: 1) la fe en Jesucristo, que es «ir hacia Jesús» aceptando sus signos (milagros) y sus palabras; 2) la resurrección de los creyentes, que se inicia en esta vida por la fe y se cumplirá plenamente al final de los tiempos; 3) la predestinación, que es el designio de nuestro Padre del Cielo de que todos los hombres podamos salvarnos. Al decir Jesús que «serán todos enseñados por Dios» (v. 45), evoca a Is 54,13 y Jr 31,31-34, donde ambos profetas se refieren a la futura Alianza que establecerá Dios con su pueblo cuando llegue el Mesías, con cuya sangre quedará sellada para siempre, y que Dios escribirá en sus corazones. En la segunda parte del discurso (vv. 52 59) Cristo revela el misterio de la Eucaristía. Sus palabras son de un realismo tan fuerte que excluyen cualquier interpretación en sentido figurado. Los oyentes entienden el sentido propio y directo de las palabras de Jesús (v. 52), pero no creen que tal afirmación pueda ser verdad. De haberlo entendido en sentido figurado o simbólico no les hubiera causado tan gran extrañeza ni se hubiera producido la discusión. De aquí también nace la fe de la Iglesia en que mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. «El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: «Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación» (DS 1642)» (CCE 1376).

6,60-71En estos versículos se pone de manifiesto la recepción de las palabras del Señor por parte de los discípulos. Al revelar el misterio eucarístico Jesucristo exige de sus discípulos la fe en sus palabras. Su revelación no debe ser recibida de modo carnal, es decir, atendiendo exclusivamente a lo que aprecian los sentidos, o partiendo de una visión de las cosas meramente natural, sino como revelación de Dios, que es «espíritu» y «vida» (v. 63). Como en otras ocasiones, la referencia a acontecimientos futuros, a la gloria de su resurrección (v. 62), es una preparación para la fe de aquellos discípulos y de todos nosotros los creyentes: «Os lo he dicho ahora antes de que suceda, para que cuando ocurra creáis» (14,29). La revelación sobre el Pan de Vida provoca discusiones (6,52), escándalo (v. 61) y, finalmente, el abandono de muchos que le habían seguido (v. 66). Pedro, sin embargo, en nombre de los Doce, expresa su fe en que Jesús es el Mesías, de manera semejante a como también confesó a Jesús en Cesarea de Filipo (cfr Mt 16,13-20; Mc 8,27-30). La confesión de Pedro es también figura de la comunión de fe de los que creen en Jesucristo, que encontrarán en la fe de Pedro y sus sucesores el criterio seguro de discernimiento sobre la verdad de lo que creen.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Juan 6 — Parroquia Jesús Obrero