Lucas

Capítulo 11

El Padrenuestro (11,1-4)

1Estaba haciendo oración en cierto lugar. Y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: —Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.

2Él les respondió: —Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino;

3sigue dándonos cada día nuestro pan cotidiano;

4y perdónanos nuestros pecados, puesto que también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos pongas en tentación.

Eficacia de la oración (11,5-13)

Mt 7,7-11

5Y les dijo: —¿Quién de vosotros que tenga un amigo y acuda a él a media noche y le diga: «Amigo, préstame tres panes,

6porque un amigo mío me ha llegado de viaje y no tengo qué ofrecerle»,

7le responderá desde dentro: «No me molestes, ya está cerrada la puerta; los míos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos»?

8Os digo que, si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos por su impertinencia se levantará para darle cuanto necesite.

9»Así pues, yo os digo: pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá;

10porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

11»¿Qué padre de entre vosotros, si un hijo suyo le pide un pez, en lugar de un pez le da una serpiente?

12¿O si le pide un huevo, le da un escorpión?

13Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar a vuestros hijos cosas buenas, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Mt 12,22-37; 43-45; Mc 3,22-27)

Expulsión de los demonios y Reino de Dios (11,14-26)

14Estaba expulsando un demonio que era mudo. Y cuando salió el demonio, habló el mudo y la multitud se quedó admirada;

15pero algunos de ellos dijeron: —Expulsa los demonios por Beelzebul, el príncipe de los demonios.

16Y otros, para tentarle, le pedían una señal del cielo.

17Pero él, que conocía sus pensamientos, les replicó: —Todo reino dividido contra sí mismo queda desolado y cae casa contra casa.

18Si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo se sostendrá su reino? Puesto que decís que expulso los demonios por Beelzebul.

19Si yo expulso los demonios por Beelzebul, vuestros hijos ¿por quién los expulsan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.

20Pero si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros.

21»Cuando uno que es fuerte y está bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros;

22pero si llega otro más fuerte y le vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte su botín.

23»El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

24»Cuando el espíritu impuro ha salido de un hombre, vaga por lugares áridos en busca de descanso, pero al no encontrarlo dice: «Me volveré a mi casa, de donde salí».

25Y al llegar la encuentra bien barrida y en orden.

26Entonces va, toma otros siete espíritus peores que él, y entrando se instalan allí, con lo que la situación última de aquel hombre resulta peor que la primera.

Exigencia de la palabra de Dios (11,27-28)

Lc 8,19-21

27Mientras él estaba diciendo todo esto, una mujer de en medio de la multitud, alzando la voz, le dijo: —Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

28Pero él replicó: —Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

La señal de Jonás (11,29-32)

Mt 12,38-42

29Habiéndose reunido una gran muchedumbre, comenzó a decir: —Esta generación es una generación perversa; busca una señal y no se le dará otra señal que la de Jonás.

30Porque, así como Jonás fue señal para los habitantes de Nínive, del mismo modo lo será también el Hijo del Hombre para esta generación.

31La reina del Sur se levantará en el Juicio contra los hombres de esta generación y los condenará: porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y daos cuenta de que aquí hay algo más que Salomón.

32Los hombres de Nínive se levantarán en el Juicio contra esta generación y la condenarán: porque ellos se convirtieron ante la predicación de Jonás, y daos cuenta de que aquí hay algo más que Jonás.

Luz del cuerpo, luz del alma (11,33-36)

Mt 5,15; 6,22-23

33»Nadie que ha encendido una lámpara la pone en un sitio oculto ni debajo de un celemín, sino sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.

34La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tú ojo es sencillo, todo tu cuerpo también está iluminado. Pero cuando tu ojo es malicioso, también tu cuerpo queda en tinieblas.

35Mira, por tanto, no sea que la luz que hay en ti sea tinieblas.

36Y si todo tu cuerpo está iluminado, sin que haya en él parte alguna oscura, todo él estará iluminado como cuando la lámpara te ilumina con su resplandor.

Reproches a escribas y fariseos (11,37-54)

Mt 23,1-36

37Cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Entró y se puso a la mesa.

38El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida.

39Pero el Señor le dijo: —Así que vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad.

40¡Insensatos! ¿Acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro?

41Dad, más bien, limosna de lo que guardáis dentro, y así todo será puro para vosotros.

42Pero, ¡ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero despreciáis la justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer esto sin descuidar lo otro!

43»¡Ay de vosotros, fariseos, porque apetecéis los primeros asientos en las sinagogas y que os saluden en las plazas!

44»¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros disimulados, sobre los que pasan los hombres sin saberlo!

45Entonces, cierto doctor de la Ley, tomando la palabra, le replica: —Maestro, diciendo tales cosas nos ofendes también a nosotros.

46Pero él dijo: —¡Ay también de vosotros, los doctores de la Ley, porque imponéis a los hombres cargas insoportables, pero vosotros ni con uno de vuestros dedos las tocáis!

47»¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron!

48Así pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros.

49Por eso dijo la sabiduría de Dios: «Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán,

50para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo,

51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo». Sí, os lo aseguro: se le pedirán cuentas a esta generación.

52»¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría! Vosotros no habéis entrado y a los que querían entrar se lo habéis impedido.

53Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a atacarle con furia y a acosarle a preguntas sobre muchas cosas,

Mt 10,16-42

54acechándole para cazarle en alguna palabra.

Notas de la Facultad de Teología (9)

9,51-19,27Los tres sinópticos mencionan el viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén. Sin embargo, la narración de San Lucas es mucho más extensa –casi diez capítulos– y recoge muchas enseñanzas del Señor que no están presentes en los otros evangelios: la parábola del buen samaritano (10,25-37), las parábolas de la misericordia (15,1-32), la del fariseo y el publicano (18,9-14), la conversión de Zaqueo (19,1-10), etc. Estos pasajes reflejan con claridad los rasgos característicos del tercer evangelio: la misericordia de Dios, la universalidad de la salvación predicada por Jesús, la alegría de la conversión, etc. Al dedicarle tanta extensión a esta subida a Jerusalén Lucas señala de una manera gráfica la importancia de la Ciudad Santa en la historia de la salvación. En efecto, los comienzos de la actividad pública del Señor se realizan en Galilea (4,14-9-50); de ahí va el Señor a Jerusalén a través de Samaría (9,51-19,27), y en Jerusalén se consuma nuestra salvación (19,28-24,53). De modo inverso procederá en su segundo libro, los Hechos de los Apóstoles. Allí contemplamos como germina la Iglesia en Jerusalén (Hch 1,1-7,60 y se expande después a Samaría (8,1-25), y hasta el fin de la tierra (8,26-28,31).

10,25-11,54Esta sección se compone de un conjunto de pasajes en los que el acontecimiento relatado es mínimo, prácticamente es sólo una ocasión para presentar las enseñanzas del Señor. Por eso el conjunto de doctrinas es un tanto heterogéneo: la misericordia, la oración, las señales de Jesús, etc.

11,1-4La oración del Padrenuestro es recogida también por San Mateo con ocasión del Discurso de la Montaña (cfr nota a Mt 6,1-18). Al situarla en otro contexto (v. 1), el Evangelio de Lucas señala la estrecha relación entre la oración de los cristianos y la de Jesús, Hijo de Dios: «Esta oración que nos viene de Jesús es verdaderamente única: ella es «del Señor». Por una parte, en efecto, por las palabras de esta oración el Hijo único nos da las palabras que el Padre le ha dado: Él es el Maestro de nuestra oración. Por otra parte, como Verbo encarnado, conoce en su corazón de hombre las necesidades de sus hermanos y hermanas, los hombres, y nos las revela: es el Modelo de nuestra oración» (CCE 2765).

11,5-13El Señor acompaña el Padrenuestro con unas cuantas enseñanzas sobre la oración de petición: mediante una comparación y una sentencia (vv. 5-10) declara la eficacia de esa oración. Después, con la imagen del padre (vv. 11-13) asegura la donación más grande para el cristiano, el Espíritu Santo: «Por la comunión con él, el Espíritu Santo nos hace espirituales, nos restablece en el Paraíso, nos lleva al Reino de los Cielos y a la adopción filial, nos da la confianza de llamar a Dios Padre y de participar en la gracia de Cristo, de ser llamado hijo de la luz y de tener parte en la gloria eterna» (S. Basilio, De Spir. Sanct. 15,36: cfr CCE 736).

11,14-26Los adversarios de Jesús acuden ahora a una acusación muy grave: es el demonio quien actúa a través de Él. Jesús refuta esa acusación advirtiéndoles al mismo tiempo de su gravedad (cfr nota a Mt 12,22-37; Mc 3,20-30). Después, con una comparación, (vv. 24-26), llama la atención sobre el peligro en que se encuentran: ellos, por la acción de Dios con su pueblo, se habían visto libres del demonio, pero el rechazo obstinado a la acción de Dios que obra a través de Cristo les convertía en lugar adecuado donde el maligno podía multiplicar su actividad. En otros lugares del Nuevo Testamento (cfr Hb 6,4-6; 2 P 2,20-22; etc.) los escritores sagrados expresan su preocupación por los cristianos que llegan a una situación semejante.

11,27-28Tal como lo ha entendido la Tradición de la Iglesia, estas frases son un elogio de la grandeza de Santa María. Por encima de su maternidad física, Jesús proclama su fidelidad espiritual. «Era el elogio de su Madre, de su fiat, del hágase sincero, entregado cumplido hasta las últimas consecuencias, que no se manifestó en acciones aparatosas, sino en el sacrificio escondido y silencioso de cada jornada» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 172).

11,29-32Las frases del Señor son una respuesta a la provocación que San Lucas ha relatado un poco antes (11,16). Los signos y la sabiduría de Jesús están claros para quien quiera ver. La vida y la predicación de Cristo son una invitación a la conversión, pero sus oyentes tal vez no estaban dispuestos a obrar de ese modo y por eso no acertaron a comprenderle.

11,33-36Jesús continúa haciéndoles reproches, ahora con la metáfora de la luz. Quien tiene la vista sana, ve con claridad las cosas; del mismo modo, en la vida moral, la mirada pura y sencilla sabe apreciar la acción de Dios en el mundo. Aquellos hombres no han sabido reconocer la acción de Dios en las obras de Jesús porque les falta la sencillez. De ahí la invitación de Cristo para que rectifiquen.

11,37-54En este pasaje –uno de los más severos del evangelio– Jesucristo desenmascara de modo vehemente el vicio por el que el judaísmo oficial se opuso con más fuerza a la aceptación de su doctrina: la hipocresía revestida de legalismo. Hay gentes que, so capa de bien, cumpliendo la mera letra de los preceptos, no cumplen su espíritu; no se abren al amor de Dios y del prójimo, y, bajo la apariencia de honorabilidad, apartan a los hombres del verdadero fervor, haciendo intolerable la virtud. El Señor se detiene en señalar tres consecuencias de esa actitud: puede llevar a los demás a transgredir las leyes sin saberlo (v. 44), e incluso a la muerte de los justos (vv. 48-51); y puede hacer imposible la salvación (v. 52). [cf 2 Par 24,19-22]

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 11 — Parroquia Jesús Obrero