Lucas

Capítulo 20

Potestad de Jesús (20,1-8)

1Un día, mientras enseñaba y evangelizaba al pueblo en el Templo, se acercaron los príncipes de los sacerdotes y los escribas con los ancianos

2y le dijeron: —Dinos: ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado tal potestad?

3Les respondió: —También yo os voy a hacer una pregunta. Contestadme:

4el bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres?

5Ellos razonaban entre sí: «Si decimos que del cielo, replicará: «¿Por qué no le creísteis?».

6Pero si decimos que de los hombres, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan es un profeta».

7Y respondieron que no sabían de dónde era.

8Entonces Jesús les dijo: —Pues tampoco yo os digo con qué potestad hago estas cosas. (Mt 21,33-46; Mc 12,1-12)

Parábola de los viñadores homicidas (20,9-19)

9Comenzó a exponer al pueblo la siguiente parábola: —Un hombre plantó una viñ a, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos de allí mucho tiempo.

10A su debido momento envió un siervo a los labradores, para que le dieran del fruto de la viña. Pero los labradores, después de golpearlo, lo despacharon con las manos vacías.

11Y volvió a enviarles otro siervo. Pero ellos lo golpearon y lo ultrajaron y lo despacharon con las manos vacías.

12Y volvió a enviarles un tercero, pero ellos lo hirieron y lo echaron.

13Dijo entonces el amo de la viña: «¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; tal vez a él lo respetarán».

14Pero los labradores al verle comentaron entre ellos: «Éste es el heredero; lo mataremos, para que sea nuestra su heredad».

15Y lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. ¿Qué hará, pues, con ellos el amo de la viña?

16Vendrá, exterminará a esos labradores y entregará la viña a otros. Al oírlo dijeron: —¡Que no pase nada de eso!

17Pero él, fijando en ellos su mirada, dijo: —Entonces, ¿qué significa lo que está escrito: La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angula r?

18»Todo el que caiga sobre aquella piedra se despedazará, y al que le caiga encima le aplastará.

19Los escribas y los príncipes de los sacerdotes quisieron echarle mano en aquel mismo momento, pero tuvieron miedo al pueblo: comprendieron que había dicho aquella parábola por ellos. (Mt 22,15-22; Mc 12,13-17)

El tributo al César (20,20-26)

20Y ellos, estando al acecho, enviaron espías que simulaban ser justos, para sorprenderle en alguna palabra, y así entregarlo a la potestad y autoridad del Procurador.

21Le preguntaron: —Maestro, sabemos que hablas y enseñas rectamente, y no haces acepción de personas, sino que enseñas el camino de Dios según la verdad.

22¿Nos es lícito dar tributo al César, o no?

23Pero él, percatándose de su falsedad, les dijo:

24—Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que tiene? —Del César –contestaron ellos.

25Él les dijo: —Pues bien, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

26Y no pudieron sorprenderle en ninguna palabra ante el pueblo y, admirados de su respuesta, se callaron. (Mt 22,23-33; Mc 12,18-27)

La resurrección de los muertos (20,27-40)

27Se le acercaron algunos de los saduceos –que niegan la resurrección– y le preguntaron:

28—Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si muere el hermano de alguien dejando mujer, sin haber tenido hijos, su hermano la tomará por mujer y dará descendencia a su herman o.

29Pues bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin hijos.

30Lo mismo el segundo.

31También el tercero la tomó por mujer. Los siete, de igual manera, murieron sin dejar hijos.

32Después murió también la mujer.

33Entonces, en la resurrección, la mujer ¿de cuál de ellos será esposa?, porque los siete la tuvieron como esposa.

34Jesús les dijo: —Los hijos de este mundo, ellas y ellos, se casan;

35sin embargo, los que son dignos de alcanzar el otro mundo y la resurrección de los muertos, no se casan, ni ellas ni ellos.

36Porque ya no pueden morir otra vez, pues son iguales a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

37Que los muertos resucitarán lo mostró Moisés en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jaco b.

38Pero no es Dios de muertos, sino de vivos; todos viven para Él.

39Tomando la palabra, algunos escribas dijeron: —Maestro, has respondido muy bien.

40Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas.

Divinidad del Mesías (20,41-44)

41Les preguntó: (Mt 22,41-46; Mc 12,35-37) —¿Cómo es que dicen que el Cristo es Hijo de David?

42Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha,

43hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies ».

44»Por lo tanto, David le llama «Señor». Entonces, ¿cómo va a ser hijo suyo? (Mt 23,1-36; Mc 12,38-40)

Censuras a los escribas (20,45-47)

45Mientras todo el pueblo estaba escuchando, les dijo a sus discípulos:

46—Guardaos de los escribas, a los que les gusta pasear vestidos con largas túnicas y anhelan que les saluden en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes.

Mc 12,41-44

47Devoran las casas de las viudas y fingen largas oraciones. Éstos recibirán una condena más severa.

Notas de la Facultad de Teología (8)

19,28-24,53El relato de la última semana de Jesús en Jerusalén es muy semejante en los tres evangelios sinópticos: comprende la entrada en Jerusalén y la purificación del Templo (19,28-48), las controversias de Jesús con las autoridades judías (20,1-44), el discurso escatológico (21,5-36), y la extensa narración de la pasión (22,1-23,56) y la resurrección (24,1-53). En este conjunto, Lucas destaca los sentimientos de piedad (19,41-44) y misericordia (22,51,61; 23,28-29.34.43) de Jesús, su grandeza de ánimo (22,21-30.47-53; 23,26-49; etc.) y su recurso constante a la oración(22,32.39-46; 23,34.46). En estos rasgos, Jesús se nos presenta como el modelo de conducta para el cristiano. La narración termina con el mandato del Señor a sus Apóstoles de permanecer en Jerusalén hasta la venida del Espíritu Santo, y con la Ascensión (24,49-53): los mismos acontecimientos con los que comienza el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,4-9) donde se relatan la manifestación pública de la Iglesia y su expansión.

19,28-21,38La purificación del Templo y las controversias con las autoridades judías antes de la pasión del Señor son muy semejantes en los tres sinópticos. Lucas señala expresamente el empeño de las autoridades en perder a Jesús (19,39.47-48; 20,19.20.26). De esa manera se cumple la profecía según la cual Él es la piedra angular (20,18-19) puesta como «ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción» (2,34). El discurso escatológico (21,5-36) es más breve que en los otros dos sinópticos, pues muchos de sus contenidos han sido recogidos antes, al narrar la subida a Jerusalén.

20,1-8El diálogo tiene la forma de disputa rabínica en la que el Señor sale vencedor. A nadie le sorprende que Jesús no diera una respuesta a aquellos hombres «porque Jesús no sabe que hacer con la astucia calculadora, con la crueldad de corazones fríos, con la hermosura vistosa pero hueca. Nuestro Señor estima la alegría de un corazón mozo, el paso sencillo, la voz sin falsete, los ojos limpios, el oído atento a su palabra de cariño» (S. Josemaría Escrivá, Hom. 1. 181).

20,9-19La parábola en las circunstancias en que fue pronunciada tenía mucha fuerza (cfr nota a Mc 12,1-12). Jesús se identifica claramente con el Hijo amado (v. 13, cfr 3,22) que es sacado fuera de la viña (v. 15), Jerusalén, para su muerte. Y Jesús es también la piedra angular de la nueva casa de Dios, tropiezo y condena de quienes le rechazaron (vv. 17-18).

20,20-26La astucia de las autoridades judías para perder a Jesús se hace cada vez más ingeniosa (v. 20), aunque el Señor sale vencedor de las confrontaciones (v. 26; cfr nota a Mc 12,13-17). Con todo, las palabras de Cristo quedan como modelo de la conducta cristiana: «En cuanto a tributos y contribuciones nosotros (los cristianos) procuramos pagarlos antes que nadie a quienes vosotros tenéis para ello ordenado, tal como Él (Jesús) nos enseñó» (S. Justino, Apolog. 1,17,1).

20,27-40Los saduceos se atenían a una interpretación literal de la «Ley escrita» (el Pentateuco) y no creían en la resurrección de la carne. Los fariseos, por el contrario (cfr Hch 23,8), aceptaban la resurrección de la carne tal como venía expuesta en algunos textos de la Escritura (Dn12,2-3) y en la tradición oral. Ante la nueva insidia, Jesús expone algunos aspectos de la resurrección (cfr nota a Mt 22,23-33): entonces no será necesario el matrimonio ya que no habrá muerte (v. 36) porque el principio de aquella vida será el mismo Dios (v. 38). «Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano querida por Dios desde la creación (...). La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua» (CCE 1045).

20,41-44«Señor» era el modo habitual entre los judíos de habla griega para referirse a Dios. En este pasaje «Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 110 (...). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina» (CCE 447).

20,45-47Cfr. nota a Mt 23,1-36.

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 20 — Parroquia Jesús Obrero