Lucas

Capítulo 21

La ofrenda de la viuda (21,1-4)

1Al levantar la vista, vio a unos ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio.

2Vio también a una viuda pobre que echaba allí dos monedas pequeñas,

3y dijo: —En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado más que todos;

4pues todos éstos han echado como ofrenda algo de lo que les sobra, ella, en cambio, en su necesidad ha echado todo lo que tenía para su sustento. (Mt 24,1-2; Mc 13,1-2)

Anuncio de la destrucción del Templo (21,5-36)

5Como algunos le hablaban del Templo, que estaba adornado con bellas piedras y ofrendas votivas, dijo:

6—Vendrán días en los que de esto que veis no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Comienzo de las tribulaciones Persecuciones por causa del Evangelio (Mt 24,3-14; Mc 13,3-13)

7Le preguntaron: —Maestro, ¿cuándo ocurrirán estas cosas y cuál será la señal de que están a punto de suceder?

8Él dijo: —Mirad, no os dejéis engañar; porque vendrán en mi nombre muchos diciendo: «Yo soy», y «el momento esta próximo». No les sigáis.

9Cuando oigáis hablar de guerras y de revoluciones, no os aterréis, porque es necesario que sucedan primero estas cosas. Pero el fin no es inmediato.

10Entonces les decía: —Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino;

11habrá grandes terremotos y hambre y peste en diversos lugares; habrá cosas aterradoras y grandes señales en el cielo.

12Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre:

13esto os sucederá para dar testimonio.

14Así pues, convenceos de que no debéis tener preparado de antemano cómo os vais a defender;

15porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.

16Seréis entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros,

17y todos os odiarán a causa de mi nombre.

18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

19Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. La gran tribulación en Jerusalén (Mt 24,15-28; Mc 13,14-23)

20»Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed que ya se acerca su desolación.

21Entonces los que estén en Judea huyan a los montes, y quienes estén dentro de la ciudad que se marchen, y quienes estén en los campos que no entren en ella:

22éstos son días de castigo para que se cumpla todo lo escrito.

23¡Ay de las que estén encintas y de las que estén criando esos días! Porque habrá una gran calamidad sobre la tierra y habrá ira contra este pueblo.

24Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles. La venida del Hijo del Hombre (Mt 24,29-31; Mc 13,24-27)

25»Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra angustia de las gentes, consternadas por el estruendo del mar y de las olas:

26y los hombres perderán el aliento a causa del terror y de la ansiedad que sobrevendrán a toda la tierra. Porque las potestades de los cielos se conmoverán.

27Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre una nube con gran poder y gloria.

28»Cuando comiencen a suceder estas cosas, erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima vuestra redención. Certeza del fin: la lección de la higuera (Mt 24,32-35; Mc 13,28-31)

29Y les dijo una parábola: —Observad la higuera y todos los árboles:

30cuando ya echan brotes, al verlos, sabéis por ellos que ya esta cerca el verano.

31Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.

32En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo se cumpla.

33El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Necesidad de la vigilancia

Mt 24,42-51

34»Vigilaos a vosotros mismos, para que vuestros corazones no estén ofuscados por la crápula, la embriaguez y los afanes de esta vida, y aquel día no sobrevenga de improviso sobre vosotros,

35porque caerá como un lazo sobre todos aquellos que habitan en la faz de toda la tierra.

36Vigilad orando en todo tiempo, a fin de que podáis evitar todos estos males que van a suceder, y estar en pie delante del Hijo del Hombre. Jesús enseña en el Templo

37Durante el día enseñaba en el Templo, y salía a pasar la noche en el monte llamado de los Olivos.

38Y todo el pueblo acudía a él muy de mañana al Templo para oírle. (Mt 26,3-5.14-16; Mc 14,1-2.10-11)

Notas de la Facultad de Teología (4)

19,28-24,53El relato de la última semana de Jesús en Jerusalén es muy semejante en los tres evangelios sinópticos: comprende la entrada en Jerusalén y la purificación del Templo (19,28-48), las controversias de Jesús con las autoridades judías (20,1-44), el discurso escatológico (21,5-36), y la extensa narración de la pasión (22,1-23,56) y la resurrección (24,1-53). En este conjunto, Lucas destaca los sentimientos de piedad (19,41-44) y misericordia (22,51,61; 23,28-29.34.43) de Jesús, su grandeza de ánimo (22,21-30.47-53; 23,26-49; etc.) y su recurso constante a la oración(22,32.39-46; 23,34.46). En estos rasgos, Jesús se nos presenta como el modelo de conducta para el cristiano. La narración termina con el mandato del Señor a sus Apóstoles de permanecer en Jerusalén hasta la venida del Espíritu Santo, y con la Ascensión (24,49-53): los mismos acontecimientos con los que comienza el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,4-9) donde se relatan la manifestación pública de la Iglesia y su expansión.

19,28-21,38La purificación del Templo y las controversias con las autoridades judías antes de la pasión del Señor son muy semejantes en los tres sinópticos. Lucas señala expresamente el empeño de las autoridades en perder a Jesús (19,39.47-48; 20,19.20.26). De esa manera se cumple la profecía según la cual Él es la piedra angular (20,18-19) puesta como «ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción» (2,34). El discurso escatológico (21,5-36) es más breve que en los otros dos sinópticos, pues muchos de sus contenidos han sido recogidos antes, al narrar la subida a Jerusalén.

21,1-4El gesto de la viuda (vv. 1-2) y las palabras explicativas de Jesús (vv. 3-4) quedan como ejemplo perenne de la actitud del hombre ante Dios: «El Señor no mira la cantidad que se le ofrece, sino el afecto con que se le ofrece. No está la limosna en dar poco de lo mucho que se tiene, sino en hacer lo que aquella viuda, que dio todo lo que tenía. (S. Juan Crisóstomo, Hom. in Hb. 1,4).

21,5-36Los tres evangelios sinópticos (cfr Mt 24,1-51; Mc 13,1-37 y notas) conservan este discurso de Jesús frente al Templo que versa sobre la destrucción de Jerusalén y el final de la historia. En las palabras del Señor se alternan y entremezclan tres cuestiones relacionadas entre sí: la destrucción de Jerusalén –ocurrida unos cuarenta años después–, los signos del fin del mundo y la venida de Cristo en gloria y majestad. El lenguaje del Señor es apocalíptico, lleno de imágenes que no siempre son fáciles de interpretar. En los versículos iniciales (vv. 5-7) Jesús anuncia la destrucción del Templo. Tal destrucción va acompañada de la aparición de falsos mesías (v. 8), guerras y revoluciones (v. 9). Ante estos hechos la consigna del Señor es serenidad: «No os dejéis engañar» (v. 8), «no os aterréis» (v. 9). A continuación (vv. 10-19) anuncia a los discípulos las dificultades que van a tener en la expansión del Reino de Dios: persecuciones, incomprensión, odio, etc. (vv. 12.16.17). Pero les promete su asistencia (vv. 14-15) y la victoria que nacerá de su perseverancia (vv. 18-19). El discurso sigue con las señales de la destrucción de Jerusalén (vv. 20-24), que son signos del fin del mundo que concluirá con la venida gloriosa de Cristo (vv. 25-28). Por último, con la imagen de la higuera (vv. 29-33) el Señor asegura que todo aquello se va a cumplir. De ahí la exhortación a velar llevando una vida sobria (v. 34) y de oración (v. 36).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Lucas 21 — Parroquia Jesús Obrero