Mateo

Capítulo 11

Embajada de San Juan Bautista (11,1-15)

1Cuando terminó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

2Entretanto Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por mediación de sus discípulos:

3—¿Eres tú el que va a venir, o esperamos a otro?

4Y Jesús les respondió: —Id y anunciadle a Juan lo que estáis viendo y oyendo:

5los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangeli o.

6Y bienaventurado el que no se escandalice de mí.

7Cuando ellos se fueron, Jesús se puso a hablar de Juan a la multitud: —¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

8Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre vestido con finos ropajes? Daos cuenta de que los que llevan finos ropajes se encuentran en los palacios reales.

9Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os lo aseguro, y más que un profeta.

10Este es de quien está escrito: Mira que yo envío a mi mensajero delante de t i, para que vaya preparándote el camin o.

11»En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

12»Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos padece violencia, y los esforzados lo conquistan.

13Porque todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan.

14Y si queréis comprenderlo, él es Elías, el que va a venir.

15El que tenga oídos, que oiga.

Reproches contra la incredulidad (11,16-19)

Lc 7,31-35

16»¿Con quién voy a comparar esta generación? Se parece a unos niños que se sientan en las plazas y les reprochan a sus compañeros:

17«Hemos tocado para vosotros la flauta y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones y no habéis hecho duelo».

18»Porque ha venido Juan, que no come ni bebe, y dicen: «Tiene un demonio».

19Ha venido el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: «Mirad un hombre comilón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores». »Pero la sabiduría queda acreditada por sus propias obras.

Jesús increpa a las ciudades incrédulas (11,20-24)

Lc 10,13-16

20Entonces se puso a reprochar a las ciudades donde se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:

21—¡Ay de ti, Corazín, ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han obrado en vosotras, hace tiempo que habrían hecho penitencia en saco y ceniza.

22Sin embargo, os digo que en el día del Juicio Tiro y Sidón serán tratadas con menos rigor que vosotras.

23»Y tú, Cafarnaún, ¿acaso serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta los infiernos vas a descender! Porque si en Sodoma hubieran sido realizados los milagros que se han obrado en ti, perduraría hasta hoy.

24En verdad os digo que en el día del Juicio la tierra de Sodoma será tratada con menos rigor que tú.

Acción de gracias de Jesús (11,25-30)

Lc 10,21-24

25En aquella ocasión Jesús declaró: —Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeños.

26Sí Padre, porque así te ha parecido bien.

27Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo.

28»Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.

29Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas:

30porque mi yugo es suave y mi carga es ligera. (Mc 2,23-28; Lc 6,1-5)

Notas de la Facultad de Teología (6)

4,11-16,20Comienza el ministerio en Galilea. Jesús proclama, con palabras y obras, que el Reino de Dios ha llegado. En primer lugar, llama a sus discípulos y convoca al nuevo Pueblo de Dios (4,12-25). A continuación, como supremo Maestro, Legislador y Profeta, promulga la Nueva Ley del Reino en el Discurso de la Montaña (5,1-7,29). Su enseñanza queda avalada por «las obras del Mesías», los milagros que confirman su autoridad (8,1-9,38). El envío de los Apóstoles (10,1-42) y las acciones (11,1-12,50) y palabras (13,1-52) de Jesús señalan que es más que un Maestro: es el Mesías de Israel. Los dirigentes religiosos del pueblo escogido (11,16-12,45) se obstinan en rechazarlo, pero los signos son tan evidentes (14,13-15,39) que San Pedro le confiesa como lo que verdaderamente es: el Mesías, Hijo de Dios (1 6,13-20).

10,1-12,50En esta sección el evangelista presenta la confrontación que se da entre Jesús y los discípulos de un lado, y los judíos incrédulos de otro. Es el paso del antiguo al nuevo Pueblo de Dios. Comienza con el segundo de los cinco grandes discursos del Señor que se contienen en el evangelio, y que se suele denominar Discurso de la Misión (10,1-42). Jesús prepara a sus Doce Apóstoles y les instruye para su misión, labor que será continuada por la Iglesia a lo largo de los tiempos. Pero frente a la proclamación de Jesús como Mesías, los dirigentes religiosos del pueblo escogido se obstinan, cada vez más, en rechazarlo (11,16-12,50).

11,1-15Frente a quienes rechazan a Jesús aparece la figura de Juan Bautista. El Señor hace considerar a los discípulos del Bautista que ante sus ojos se han realizado los signos que los antiguas profetas habían anunciado como propios del Mesías y de su Reino (cfr Is 26,19; 29,18-19; 35,5-6; 61,1, etc.). Era decirles que, efectivamente, Él es el profeta que «iba a venir» (cfr v. 3). En cuanto al Bautista (vv. 7-14), Jesús muestra que era verdaderamente su precursor, el que desempeñó la misma misión que Elías, conforme a la creencia que existía entonces de que el profeta Elías tendría que venir de nuevo antes que el Mesías (cfr 17,10-13; Mc 9,10-13).

11,16-19Con la alusión a alguna canción popular o a un juego de los niños de entonces, Jesús reprocha a los hombres, que se resisten a reconocerle, la sinrazón de sus excusas. Las obras de Jesús y de Juan Bautista testimonian que uno y otro llevan a cabo lo que la sabiduría divina había determinado para la salvación de los hombres: el hecho de que algunos no lo reconozcan no va a impedir que se cumplan los planes de Dios.

11,20-24Corazín y Betsaida eran dos ciudades florecientes, situadas en la orilla norte del lago de Genesaret, no lejos de Cafarnaún. Durante su ministerio público Jesús predicó con frecuencia en estas ciudades y obró muchos milagros. Tiro y Sidón, dos ciudades de Fenicia, junto con Sodoma y Gomorra –todas ellas célebres por sus vicios–, eran ejemplos clásicos entre los judíos para referirse al castigo de Dios que acarrearán sus pecados (cfr Ez 26-28; Is 23).

11,25-30En contraste con las palabras sobre los que no creen en Él, Jesús se llena de gozo por los que le aceptan, la gente sencilla y humilde, que no confía en su propia sabiduría como los que se estiman a sí mismos por prudentes y sabios de este mundo. Es ésta una de las oraciones más bellas y explícitas que tenemos de Jesús. «Su conmovedor «¡Sí, Padre!» expresa el fondo de su corazón, su adhesión al querer del Padre, que fue un eco del «Fiat» de su Madre en el momento de su concepción y que preludia lo que dirá al Padre en su agonía. Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su corazón de hombre al «misterio de la voluntad» del Padre (Ef 1,9)» (CCE 2603). El yugo, (v. 29) era una palabra que se utilizaba para referirse a la Ley de Moisés, que con el paso del tiempo se había sobrecargado de minuciosas prácticas insoportables (cfr Hch 15,10) y, a cambio, no daba la paz del corazón. Por el contrario, Jesús habla a las gentes de su yugo y de su carga: «Cualquiera otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquiera otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela» (S. Agustín, Serm. 126,12).

Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).

Mateo 11 — Parroquia Jesús Obrero