Capítulo 13
VI. LAS PARÁBOLAS DEL REINO (13,1-52)
Parábola del sembrador. Sentido de las parábolas (13,1-23)
1Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar.
2Se reunió en torno a él una multitud tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la playa.
3Y se puso a hablarles muchas cosas con parábolas: —Salió el sembrador a sembrar.
4Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron.
5Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo;
6pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz.
7Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron.
8Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta.
9El que tenga oídos, que oiga.
10Los discípulos se acercaron a decirle: —¿Por qué les hablas con parábolas?
11Él les respondió: —A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido.
12Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.
13Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis; con la vista miraréis, pero no veréi s.
15Porque se ha embotado el corazón de este puebl o, han hecho duros sus oído s, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los san e.
16»Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.
17Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron.
18»Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador.
19A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino.
20Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría;
21pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae.
22Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril.
23Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.
Parábola de la cizaña (13,24-52)
24Les propuso otra parábola: —El Reino de los Cielos es como un hombre que sembró buena semilla en su campo.
25Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.
26Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña.
27Los siervos del amo de la casa fueron a decirle: «Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?»
28Él les dijo: «Algún enemigo lo habrá hecho». Le respondieron los siervos: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?»
29Pero él les respondió: «No, no vaya a ser que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.
30Dejad que crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega les diré a los segadores: «Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero»». Parábolas del grano de mostaza y de la levadura (Mc 4,30-34; Lc 13,18-21)
31Les propuso otra parábola: —El Reino de los Cielos es como un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo;
32es, sin duda, la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a hacerse como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas.
33Les dijo otra parábola: —El Reino de los Cielos es como la levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.
34Todas estas cosas habló Jesús a las multitudes con parábolas y no les solía hablar nada sin parábolas,
35para que se cumpliese lo dicho por medio del Profeta: Abriré mi boca con parábolas, proclamaré las cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo. Explicación de la parábola de la cizaña
36Entonces, después de despedir a las multitudes, entró en la casa. Y se acercaron sus discípulos y le dijeron: —Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Él les respondió:
37—El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre;
38el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno.
39El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles.
40Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo.
41El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad,
42y los arrojarán en el horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
43Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga. Parábolas del tesoro escondido, de la perla y de la red
44»El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.
45»Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas
46y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.
47»Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que se echa en el mar y recoge toda clase de cosas.
48Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera.
49Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos
50y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
51»¿Habéis entendido todo esto? —Sí –le respondieron.
52Él les dijo: —Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas. (Mc 6,1-6; Lc 4, 16-30)
VII. JESÚS SE RETIRA A LAS REGIONES CERCANAS (13,53-16,20)
Nadie es profeta en su tierra (13,53-58)
53Cuando terminó Jesús estas parábolas se marchó de allí.
54Y al llegar a su ciudad se puso a enseñarles en su sinagoga, de manera que se quedaban admirados y decían: —¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes?
55¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?
56Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿Pues de dónde le viene todo esto?
57Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: —No hay profeta que no sea menospreciado en su tierra y en su casa.
58Y no hizo allí muchos milagros por su incredulidad. (Mc 6,14-29; Lc 3,19-20)
Notas de la Facultad de Teología (6)
4,11-16,20Comienza el ministerio en Galilea. Jesús proclama, con palabras y obras, que el Reino de Dios ha llegado. En primer lugar, llama a sus discípulos y convoca al nuevo Pueblo de Dios (4,12-25). A continuación, como supremo Maestro, Legislador y Profeta, promulga la Nueva Ley del Reino en el Discurso de la Montaña (5,1-7,29). Su enseñanza queda avalada por «las obras del Mesías», los milagros que confirman su autoridad (8,1-9,38). El envío de los Apóstoles (10,1-42) y las acciones (11,1-12,50) y palabras (13,1-52) de Jesús señalan que es más que un Maestro: es el Mesías de Israel. Los dirigentes religiosos del pueblo escogido (11,16-12,45) se obstinan en rechazarlo, pero los signos son tan evidentes (14,13-15,39) que San Pedro le confiesa como lo que verdaderamente es: el Mesías, Hijo de Dios (1 6,13-20).
13,1-52El Discurso de las Parábolas, el tercero de los pronunciados por Jesús según San Mateo, inicia una nueva sección del evangelio. Recoge siete parábolas acerca del Reino de los Cielos. Los tres evangelios sinópticos (cfr Mc 4,1-34; Lc 8,4-18) transmiten este discurso, y los tres refieren el mismo hecho: tras la exposición de la primera parábola, la del sembrador, los discípulos preguntan al Señor por su significado y Jesús, entonces, les explica el «misterio del Reino de los Cielos» (v. 11; cfr Mc 4,11; Lc 8,10). La parábola del sembrador explica cómo acoger la Palabra de Dios. Quizá por eso está en el comienzo del discurso. Mateo incluye en este discurso dos parábolas que Marcos y Lucas colocan en otros lugares: la de la cizaña y la del grano de mostaza. Se denominan «Parábolas del crecimiento» pues expresan las condiciones en que crece la semilla, así como la pequeñez del Reino en sus comienzos y el efecto multiplicador que se deriva de la fuerza contenida en él (cfr nota a Mc 4,1-34). Finalmente, el primer evangelio recoge otras parábolas complementarias: la del tesoro, la de la perla y la de la red.
13,1-23Las parábolas son un medio habitual de la predicación de Jesucristo. También los rabinos de la época las utilizaban para explicar frases de la Escritura, pero Jesús las utiliza más abundantemente y con una finalidad propia: revelar los misterios del Reino de Dios. «Jesús llama a entrar en el Reino a través de las parábolas, rasgo típico de su enseñanza (cfr Mc 4,33-34). Por medio de ellas invita al banquete del Reino (cfr Mt 22,1-14), pero exige también una elección radical para alcanzar el Reino, es necesario darlo todo (cfr Mt 13,44-45); las palabras no bastan, hacen falta obras (cfr Mt 21,28-31). Las parábolas son como un espejo para el hombre: ¿acoge la palabra como un suelo duro o como una buena tierra (cfr Mt 13,3-9)? ¿Qué hace con los talentos recibidos (cfr Mt 25,14-30)? Jesús y la presencia del Reino en este mundo están secretamente en el corazón de las parábolas. Es preciso entrar en el Reino, es decir, hacerse discípulo de Cristo para «conocer los Misterios del Reino de los Cielos» (Mt 13,11). Para los que están «fuera» (Mc 4,11), la enseñanza de las parábolas es algo enigmático (cfr Mt 13,10-15)» (CCE 546). En cuanto a su forma, la parábola puede ser una simple comparación o una narración detallada. En ocasiones las parábolas toman un tono paradójico del que Jesús se sirve para fijar la atención y excitar la curiosidad. Por otra parte, las parábolas, al partir de imágenes cotidianas, se hacen comprensibles a todos. Pero para alcanzar su mensaje hay que querer penetrar más allá de la imagen expresada. Por eso, quien no está dispuesto a querer entender se queda sólo en la anécdota. De esa sordera acusa Jesús a quienes están cerrados a su mensaje. Para el sentido de los vv. 14-15, cfr nota a Mc 4,10-12.
13,24-52La parábola de la cizaña complementa a la del sembrador. También el diablo (v. 39) siembra sus asechanzas y tiene su fruto en algunos hombres: es inevitable que los hijos de Dios convivan con los hijos del Maligno y que el mal y el bien se desarrollen a lo largo de la historia. Pero al final, Cristo –Hijo del Hombre triunfante– juzgará a todos y dará a cada uno su merecido. Una idea semejante se recoge bajo la imagen de la red barredera (cfr vv. 47-50). Con las parábolas del tesoro escondido y de la perla (vv. 44-46) presenta Jesús el valor supremo del Reino de los Cielos y la actitud del hombre para alcanzarlo. Hay ligeras diferencias en la enseñanza de ambas parábolas: el tesoro significa la abundancia de dones; la perla, la belleza del Reino. El tesoro se presenta de improviso, la perla supone una búsqueda. En todo caso, siempre se exige la generosidad por parte del hombre porque Dios «nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo» (S. Teresa de Jesús, Cam. Perf. 1,2).
13,53-16,20Tras el Discurso de las Parábolas el evangelista narra diversos milagros y enseñanzas de Jesús en Galilea y regiones limítrofes. A lo largo de estos pasajes se va mostrando que, ante Jesús, el hombre debe tomar partido: o con Él o contra Él. Mateo, desde el Discurso de las Parábolas, señala con mayor claridad tres grupos de personas: de un lado, los discípulos –y en especial Pedro– cercanos a Jesús; de otro, las muchedumbres que le siguen pero sin acabar de entenderle; finalmente, las autoridades religiosas que traman asechanzas contra Él. La sección culmina con la solemne confesión de Pedro en la que proclama a Jesús Mesías e Hijo de Dios (16,16).
13,53-58Contraste entre la admiración inicial (v. 54) y el escándalo final (v. 57): tal vez la familiaridad que han tenido con Jesús les impide reconocer el carácter sobrenatural de su misión.
Sagrada Biblia, traducida y anotada por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra — © Ediciones Universidad de Navarra (EUNSA).
